El azahar llega a casa por Navidad

El azahar en la última semana del año. La sorpresa ha sido mayúscula a ver cómo de los naranjos que están al lado de mi casa brotaba la flor más hermosa de la primavera.

Cómo el clima siga así, a mis nietos le contaré que esta flor anuncia la Navidad.

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Pescadores

Tres días en Sanlúcar de Barrameda dan para mucho. Su excelente gastronomía marinera y sus vinos únicos hacen que los sentidos, tanto visuales como gustativos, se encuentren en el paraíso. El anterior post mostré el colorido expectacular y sorprendente que el sol deja cuando se va. Ayer, cuando ya de noche y después de haber estado todo el día disfrutando de lo bueno de Sanlúcar, el ruido de un motor de barco hizo que me acercara al mismo lugar donde dos días atrás había fotografiado la puesta de sol. Viendo el barco de pesca que ya de noche iba de recogida, pensé en el trabajo tan duro que algunos hacen para que otros disfruten. Con esta fotografía quiero reconocer a los pescadores del barrio de Bonanza que con barcos pequeños hacen grande a un pueblo como Sanlúcar de Barrameda.

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Mujer eterna

Ayer, distraído y extasiado con el panel de colores que la naturaleza estaba regalando a mis sentidos, me fijé en una mujer que desde el paseo marítimo estaba disfrutando como yo, de una espectacular puesta de sol.

Juro por lo más sagrado, que a lo lejos no vi a una mujer cuya belleza interior y exterior derrite a los últimos rayos de sol. Juro por lo más sagrado, que a lo lejos no vi a una mujer simpática e inteligente que demuestra continuamente con su espíritu luchador que la vida merece la pena vivirla. Juro por lo más sagrado, que a lo lejos no vi a una mujer a la que rinden pleitesía todos los que la conocen. Juro por lo más sagrado, que a lo lejos no vi a una mujer que es más fuerte que el viento y más apetecible que la suave brisa del atardecer. Juro por lo más sagrado, que a lo lejos no vi a una mujer que respira positivismo para exhalar optimismo. Juro por lo más sagrado, que a lo lejos no vi a una mujer cuya felicidad está en los pequeños detalles que hacen feliz a su inmenso corazón. Juro por lo más sagrado, que a los lejos no vi a la mujer a la que debo todo lo que soy y posiblemente lo que seré.

Ayer, antes de no ver a esa mujer, escuché una canción que entre otras cosas decía: «Si lo que vas a decir no es más bello que el silencio/ no lo vayas a decir» Algunas veces nos empeñamos en hablar cuando el silencio nos regala la mejor conversación. Con la escritura y la fotografía pasa lo mismo. Ayer, cuando supe quien era la mujer que fotografié y pretendía escribirle algo por su cumpleaños, decidí no hacerlo y regalarle unas imágenes cuyo texto sea comprensible sólo para su imaginación.

La mujer que fotografié ayer, sin saber quien era, debería cumplir años eternamente.

Restaurante japonés

Para sentirse bien en un restaurante se tienen que unir unas cuantas circunstancias, ocupando el primer lugar, la comida. Si la carta es excepcional, pero el lugar es feo, o el servicio es deficiente, los precios son excesivos para la calidad del producto o la compañía no es agradable, el resultado de una comida o una cena hará que el recuerdo sea negativo y por lo tanto en el cerebro nunca recordarás lo positivo del lugar.

Captar en una fotografía las sensaciones que se tienen al estar cenando agradablemente con un ser querido, son difíciles de plasmar. El lunes creo que lo logré con la fotografía que muestro. Al lado de las «Setas de la Encarnación» han abierto un restaurante japonés que además de comer muy bien, (las gyozas y el arroz son de categoría) el ambiente, la vista y el servicio son extraordinarios.