Martes Santo

Lo qué más ha sobresalido de este Martes Santo ha sido “la calór”, aunque eso no ha permitido que la ilusión haya menguado. Esta ha sido mi visión

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La Torre de Sevilla

En un lugar del Paseo Colón de Sevilla, se tiene a la vistas las dos torres más altas de la ciudad. Mirando a la derecha, dirección Triana, (Triana siempre mi Triana)se ve, entre el Palacio y los jardines de los Montpensier; la Giralda. Mirando de frente se ve, entre el Paseo del Muelle de Nueva York y el río (el río siempre mi río) la torre todavía no bautizada con nombre y que, dentro de mi círculos de amigos, al que más le gusta es a Carlos Telmo.

Algunas veces las preguntan ofendes por eso en este caso no la haré.

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Templo del Salvador

La Iglesia de El Salvador de Sevilla, es un templo que no visitarlo debería estar penado. Dos de las tres figuras más importantes de la Semana Santa, se encuentran en el segundo templo más importante de la ciudad: El Cristo de Pasión y el Cristo del Amor.

Estos días huele a Semana Santa y dentro de El Salvador aún más. Este medio día, me han llamado la atención varias cosas. La Virgen de La Merced le ofrece la corona de espinas a su hijo; El Señor de Pasión. El paso del Cristo del Amor y el de La Borriquita están colocados de tal manera que es como si nos recordaran cual es el principio (Borriquita) y el final (Amor) de la Semana Santa. Por último, las luces de colores que las vidrieras del templo nos regalan a la vista.

Esto es lo que he visto hoy en la Iglesia de El Salvador.

El último pensamiento

¿Qué último pensamiento nos puede acudir a la mente ante el fatídico desenlace de la muerte repentina?. Es una pregunta sin contestación, nadie puede responderla, por la sencilla razón de que ninguna persona ha venido del otro mundo para darnos respuesta a este tipo de pregunta. A lo más, nos podemos acercar a las experiencias que hemos tenido ante un accidente, pero sin duda, si lo podemos recordar, ese no sería el último pensamiento; más bien el penúltimo.
 
Recuerdo dos accidentes donde he podido experimentar mi penúltimo pensamiento.
 
El primero fue con 25 años cuando circulando con mi añorada Vespa, me dieron un golpe y me caí. Fue un susto, ni siquiera me hice daño, pero no se me olvidarán los pequeños segundos que transcurrieron desde que sentí el golpe hasta que me caí. Mi mente resumió la vida en flashes cortos y me mostró fotografías de personas que quería y amaba; incluso vi la imagen de mi hijo que todavía no había nacido. Todo ello me impactó de tal manera que me hizo reflexionar sobre cosas que ya, prácticamente,ni siquiera me acuerdo.
 
El segundo accidente fue a los cuarenta y tantos. Estaba jugando al pádel y al intentar coger una pelota baja, me resbalé y me di un buen golpe en la cabeza. Recuerdo los pensamientos que se me vinieron a mi mente en el instante en el que me estaba resbalando. Fue como si todo pasara a cámara lenta, vi perfectamente la pared y pensé: «¡creo que me voy a matar!», entonces, otra vez pasó por mi mente, junto a fotografías de seres queridos, entre ellos la de mis hijos. Aquello me causó gran dolor físico, aunque no perdí el conocimiento, «incluso fui consciente que había gente que quería jugar en mi lugar», el dolor que experimenté fue bestial, el simple hecho de quitarme la camiseta era un acto inhumano. Las otras sensaciones psíquicas fueron más enigmáticas. La conclusión que saqué ante tan desafortunado juego fue; ninguna, aunque me rondaran por la cabeza pequeñas ideas que no fraguaron un ninguna parte.
 
Cuando ocurre una catástrofe, como la de hoy; «un avión se ha estrellado en los Alpes franceses causando 150 fallecidos» siempre me hago la pregunta con la que empecé este post y además me vienen a la cabeza mis dos accidentes arriba contados. Por eso hoy, un día trágico para tantas familias, quiero creer, que el último pensamiento de esas 150 víctimas fue imaginar aspectos positivos de sus vidas; que las últimas imágenes que aparecieran en su mente les recordaran a las personas que más han querido y amado. Por lo menos sé, que el penúltimo pensamiento fue ese.