¿Qué estará pensando esta joven mujer musulmana mirando a través de la ventanilla del taxi 493 de la ciudad de Sevilla? La incógnita del pensamiento alumbra la mente de los curiosos. Esta fotografía tomada hace más de un mes y olvidada en el disco duro del ordenador, intenta explicarme algo que no llego a comprender.

La mirada perdida de la joven me confunde; ¿tristeza o relajación? El pañuelo colorido que cubre su pelo me angustia: ¿obligación o devoción? Las gafas de sol en su cabeza me desorienta; ¿oscuridad o luz?. El silencio de las dos mujeres mirando cada una a un lado diferente me desconcierta ¿paz o indiferencia?

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Mi pequeño

Hoy mi pequeño cumple 18 años. Hoy mi pequeño me hace mayor. Hoy es un día de recuerdos y morriña. Hoy es un día de ilusión y confianza. Hoy es un día donde acaba una etapa de mi vida aunque no una obligación. Hoy me siento orgulloso de haber logrado junto a su madre, haber consolidado una personalidad con futuro prometedor. Hoy, entre nostalgia, risas, sueños y esperanza celebro que mi pequeño ya es mayor.

La Candelaria.

Esta mañana, Carlos Herrera, ha invitado a través de su programa matinal de radio a que sus oyentes visitaran la Iglesia Parroquial de San Nicolás de Bari, pues allí estaría en besamanos la Virgen de la Candelaria por motivo de su festividad.
Cómo seguidor del programa, aunque no “ fósforo “, he aceptado la invitación. El periodista estaba dentro del templo, cumpliendo lo que ha dicho durante el programa de radio, aunque consciente que el protagonista no era él, sino la Virgen. Discretamente, me he sentado en unos de los bancos de la iglesia a observar e intentar captar con una cámara pequeña, la intimidad del sentir religioso. En una hora que he estado dentro del templo he comprobado las reacciones de los feligreses ante la advocación de su Virgen.
Una madre intentaba transmitir su entusiasmo a una criatura de pocos años, lo curioso es que el pequeño no ha llorado cuando le han colocado su cara a poca distancia del rostro doloroso de la Virgen de la Candelaria. Me ha resultado curioso la mirada profunda y casi reflexiva que el niño le ha dirigido por un instante a la figura que seguramente de mayor adorará.
Con una delicadeza y una sonrisa de sentirse una privilegiada, una joven limpiaba con un pañuelo blanco la mano derecha de la Virgen después de que intermitentemente la besaran los fieles. Aunque parezca mentira, no he visto a nadie haciéndose un selfie, aunque eso si, los móviles no han parado de gastar megas inmortalizando momentos de suma recogida. La última llamada de atención ha sido al salir del templo, un perro amarrado esperaba pacientemente a su fiel dueño.
Os dejo mi visión del tiempo que he estado en la Iglesia Parroquial de San Nicolás de Bari intentando captar sentimientos. No esperen ver una foto de Carlos Herrera, pues hoy era el día de la Virgen de la Luz.

Orgullo de padre

La objetividad cuando hay que elogiar a un hijo es imposible. El orgullo cuando hay que reconocer el trabajo de un hijo es infinito. La pesadez y la insistencia al hablar de las virtudes de un hijo son inevitables. El pañuelo para limpiar las babas de un padre cuando ve como el trabajo de un hijo es reconocido, es interminable.

Lo siento, pero al ver este anuncio en la trasera de un autobús turístico, hace que me sienta feliz por esa semilla que planté hace mucho tiempo.