Brunch en español

Brunch en español

En el AVE, camino de mi casa y después de pasar un agradable día en Madrid me dispongo a escribir mi blog, tenía una idea que se basaba en la fotografía que esta mañana le he hecho a una rumana a la puerta de una cafetería de lujo donde un cartel anunciaba que allí se podía tomar un brunch a la española. La paja mental, como volvería a decir mi amigo Francisco, a esta fotografía, seguro que hubiera sido simpática, lo que ocurre es que estaba cansado y me daba mucha pereza elucubrar. Ante la pereza que me producía ver una película y ante el único defecto que tengo al viajar; no dormir en ningún medio de transporte, me he puesto a hojear el dominical XL Semanal. Mi mente ha frenado en seco en la página 58-59 al ver la fotografía de un señor mayor con cara de buena gente y un titular atractivo: “No se deje engañar por su celebro”. Me he puesto a leer la entrevista sin saber que se llama Daniel Kahneman y es el único psicólogo que ha ganado un Nobel, en economía. La frase que me ha impactado de la entrevista es: “Lo que cuenta no es el disfrute, sino sus recuerdos”, y la dice después de argumentar que si nos propusieran un viaje placentero con la única condición que cuando regresáramos nuestros recuerdos y fotografías se borrarían; la mayoría diría que no.

Todo esto me da moral pues los que nos dedicamos al periodismo ayudamos a recordar por medio de informar y eso contribuye al disfrute de mucha gente, por eso, estoy seguro que a pesar de la crisis tan cruel que está padeciendo nuestra profesión sobrevivirá con nuevas técnicas pero con los mismos argumentos.

Por cierto, no me tome esta mañana el brunch español. ¿Qué tiene que ver esto con lo que he escrito antes?, pues nada lo mismo que el brunch con lo español.

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Ultimo día, Copenhague

Fin de trayecto y fin de aventura cruceística. Tal como escribí en el primer Post, Copenhague, me llamó la atención aunque solo vi la ciudad en autobús durante el trayecto que iba del aeropuerto al puerto. Hoy, en la primera excursión decente de este crucero, en dos horas y media me he hecho una idea de la ciudad y como consecuencia de ello la he puesto en mi lista de futuras ciudades por conocer mejor.
!Espero que el Betis triunfe en Europa y nos haga viajar!

La sirenita ha sido la primera parada, la hemos distinguido, no por su tamaño, pues es pequeña, sino por la cantidad de gente que había a su alrededor y entre ellos los sempiternos, numerosos e impacientes japoneses, cuyo mayor deseo no es contemplarla, sino fotografiarla.

Desde que el barco se despedía de Copenhague y regresó, lo que más me llamó la atención era una cúpula parecida a la del Vaticano. Bajo mi humilde opinión, no tiene nada que envidiarle a la original y además el entorno donde está ubicada, después de los palacios reales, la hace parecer más regia.

La pena, ha sido que no hemos podido pasear por el puerto nuevo, que es antiguo. Una rápida pasada con el autobús nos ha puesto el caramelo en la boca para que un día volvamos y deambulemos tranquilamente por el, nos tomemos una cerveza en sus múltiples terrazas y contemplemos las bonitas casas de colores que hay a cada lado de su pequeño canal.

Ahora ya en el avión de regreso a España, intento recordar todo lo vivido, reído, comido (mucho) y conocido. Aunque he jurado en arameo no volver a embarcarme en un crucero, pues me gusta ser libre a la hora de viajar, hay cosas por las que ha merecido la pena venir. En primer lugar San Petersburgo, Copenhague y Estocolmo. En segundo lugar las pocas personas que hemos conocido y con las que hemos compartido la guasa, la risa y las copas. Las más destacada, con diferencia; Verónica y Elena, dos jóvenes valencianas libres como nosotros. Fluyó la química nada más vernos en lo alto de una torre de la ciudad de Kiel. También hemos disfrutado con nuestros compañeros de cena, (aunque faltáramos a unas cuantas) Leticia y Alberto que a pesar de no tener nada en común con nosotros, nos han hecho pasar momentos agradables y simpáticos, pues aguantaron nuestras bromas con espíritu deportivo. Por último, un venezolano, cuyo nombre no conozco y que me cayó mal al principio pero que por la noche con su bailes y ritmo nos ganó a los diez que nos quedábamos hasta las tantas en la discoteca del barco. Y por supuesto a mi fiel compañero de viaje que tanto bien hace por mi; el ibuprofeno

Sólo me queda agradecerles a la familia y compañeros de trabajo de Berta la oportunidad que nos han dado de poder olvidarnos por una semana de todo el estrés y rutina diaria que durante este año hemos padecido; en particular Berta . Aunque nos hemos acordado continuamente de las personas que queremos, este viaje nos ha dado la oportunidad de aislarnos y coger la energía que tanta falta nos hacía, aunque por desgracia tanta energía nos ha engordado tres o cuatro kilos.

P.D. Si alguien va a realizar un crucero con MSC Música, “cuidadín” con varias cosas, primero las excursiones; mal organizadas y peor comunicadas, segundo la diversión; casi todo está pensado para los alemanes de la tercera edad, y por último el despotismo con que te trata el personal de abordo ante cualquier eventualidad, eso sí con una sonrisa de “te qui yá”.

San Petersburgo. 2

Estoy en la terraza del bar escuchando una conversación de unos venezolanos expertos en cruceros; imposible describir las elucubraciones tontas que están desarrollando. Ante un grupo de recién casados españoles se intentan erigir en protagonistas dando lecciones cruceristas. Cuando uno de ellos ha opinado de San Petersburgo, me han entrado ganas de levantarme y tirarle la cerveza que me estaba bebiendo a la cara; “San Petersburgo es una mierda”, ha dicho sin inmutarse.

San Petersburgo, es una ciudad que hay que conocer, a pesar de su caótico tráfico, de su decadente tranvía y de los edificios de la periferia.

Hoy, nos hemos levantado temprano para cambiar el itinerario que habíamos contratado, pues coincidía en la mayor parte con el de ayer. A base de insistir y de poner cara de mala leche, hemos conseguido el objetivo. Cuando la empleada me ha preguntado de donde era le he dicho: “De Sevilla, y allí somos muy simpáticos hasta que nos tocan los huevos”, y con una sonrisa cortada me dio los tickets de la nueva excursión.

El palacio de verano de Petrodvorets que se encuentra a sesenta kilómetros del centro de la cuidad es lo primero que hemos visto hoy. Una guía que hablaba muy mal español pero muy simpática nos ha intentado contar la historia por el camino. Los jardines muy bonitos y cuidados, las fuentes con esculturas doradas; maravillosas y el palacio recién restaurado; divino: ¡todo muy versallesco!. De allí nos han llevado a comer. Detrás de una puerta pequeña hemos entrado a un gran edificio, donde después de pasar por unos patios hemos llegado a un salón renacentista que imitaba a un antiguo palacio. Lo primero que nos han servido ha sido vodka, después ensalada con tres lechugas, un tomate, una aceituna negra y mortadela, sin tiempo a digerir, nos han puesto una sopa indescriptible y por ultimo un poco de arroz blanco con la mitad de la cría de un pollo. Cuando hemos terminado y antes del postre, un grupo de músicos vestidos con el traje regional de la tierra, nos han obsequiado con un “flamenquito”, en ruso. El cantante principal se parecía a Jaime Urrutia, y con menos gracia que la comida. En resumen; surrealista pero divertido.

Saliendo como borregos, la siguiente actividad era hacer una visita panorámica por la ciudad. ¿Sabéis al primer sitio que nos han llevado?. ¡A una tienda de regalos!, pero lo más fuerte ha sido que la gente estaba encantada. Sin decir nada, para no explotar, me he ido por mi cuenta y riesgo a andar por los alrededores. El puente de la Bendición estaba relativamente cerca, así que decidí ir hacia allí y atravesar por primera y espero que no se la última, el río Neva andando.

El Hermitage ha sido nuestro último destino. Me faltan calificativos para describir el antiguo palacio de invierno convertido en una de las mejores pinacotecas del mundo. Ver su fachada, (por supuesto verde y blanca), y los interminables grupos de japoneses, te hace respirar el arte que allí se encuentra. El recorrido ha sido el gran premio de motociclismo de Jerez, pues ha durado una hora y media y hemos visto lo más destacado del museo.

De vuelta al barco y despidiéndome de la ciudad soñada, nos disponemos a cenar y ver el partido de España contra Italia en un barco de italianos.

P.D. Anoche no pude colgar el post, no estaba en condiciones, terminamos muy tarde celebrando la victoria española con los venezolanos a los que no les gustaba San Petersburgo y que por cierto era gente muy simpática, o por lo menos esa fue mi sensación.

San Petersburgo

Neva, río que sin conocerlo me produce admiración. Una vez, cuando era pequeño le escuche a alguien decir que nadie se debería ir de este mundo sin ver una puesta de sol sobre el gran río ruso. No puedo afirmar lo que escuché pues cuando el sol iba a llegar al río, la bruma me lo ha impedido. Cierto es, que las más de dos horas que el sol ha reflejado sus colores sobre el río, han sido increíbles. A lo largo de la contemplación me he transportado a Sanlúcar de Barrameda con Laura, Tomás y Carmina.

Tengo que confesar que hoy estoy un poco decepcionado con la circunstancias del viaje. Entrar por la exclusa ha sido espectacular, sobre un río que parecía una enorme bandeja de plata había unos cuantos faros esparcidos por la inmensidad del agua. Olvidadas, antiguas y abandonadas fábricas que junto a pequeñas islas que mostraban el resplandor de otros tiempos, eran vistas hermosas que nos acompañaban al comienzo del recorrido. Las grúas antiquísimas contrastaban con una gran iglesia de cúpula dorada, que chocaba a la vista. Visual y contemplativo ha sido navegar por el Rio Neva.

Intentar explicar lo que ha sucedido posteriormente es difícil. Desde el primer día que llegamos al barco nos presionaron para que escogiéramos una excursión, pues era imposible bajar del barco si no tenías visado. Ante la poca información que nos proporcionaban, elegimos para nuestro primer día en San Petersburgo uno que decía; “visita por la ciudad y compras”. Resulta que las compras han consistido en llevarnos a un almacén de un barrio periférico de la ciudad donde vendían productos típicos rusos, o sea, “matriuscas” de todos los colores. Entender este procedimiento mercantilista es muy difícil de comprender, a esto se le llama robar las ilusiones de ingenuos turistas que pretendían pasear por el centro de la ciudad y comprar en sus tiendas. Bueno, no quiero dar la sensación de negativo, porque todo aquel que nos conoce sabe que nos reímos hasta de las adversidades (por ejemplo en la tienda “cutre” probándonos un gorros rusos) pero ha sido muy fuerte tenernos media hora en la tienda y en lugares de interés solo cinco minutos. Sabiendo que mañana tenemos otra excursión y lo poco que hemos visto de la ciudad, para animarnos, nos fuimos a una sala del barco donde la música era de los 70, los músicos rondaban esos años y el ambiente: ¡Benidorm, Benidorm, Benidorm! venido a menos. Finalizada la orquesta un señor mayor regordete y con una camisa difícil de definir se acerca al cantante de la orquesta y le dice: ” Muy bonito todo, pero he echado en falta Paquito el chocolatero”.

Estocolmo

En una plaza de Estocolmo hay una escultura de un niño que mide quince centímetros . Según cuentan, quien le toca la cabeza vuelve a visitar la ciudad. Todos los allí presentes han cumplido con el ritual, menos yo, que le he acariciado todo el cuerpo, pues no se puede estar tan poco tiempo en una ciudad tan espectacular como Estocolmo. O vas por libre o en excursión organizada, esa era la cuestión que te plantean cuando te dicen que el barco estará atracado en la ciudad cuatro horas. Indudablemente decidimos comprar el paquete: “Panorámica de Estocolmo”. Desde luego que nunca mejor dicho; “el paquete”. En el autobús iba un grupo de Italianos y los guías se turnaban para hacernos el tour. Sorprendentemente era el guía italiano el que primero hablaba, sus explicaciones duraban minutos al contrario que el de la española que con varios segundos nos despachaba. En dos minutos nos dejaron contemplar lo más bonito, digo bonito por ser considerado, de toda la ciudad; las vistas. A continuación fuimos a un museo naval muy oscuro donde se encuentra expuesto un barco del siglo XV, que solo estuvo en el agua una hora, pues en su travesía inaugural se hundió: “El Vasa”. No cabe duda, que el barco impresiona, no simplemente por su tamaño sino también por su decoración, aunque un edifico más moderno con un poco de luz no le vendría nada mal a los “panorámicos” y veloces turistas. Donde más tiempo estuvimos fue en el Palacio Real y no es por criticar, pero tampoco es para que no te dejen hacer ninguna foto. Obviamente hice algunas, por eso fui reprendido varias veces por un señor que se parecía al malo de los Simpson. Viendo una de las habitaciones del palacio, nos quedamos muertos; ¡una sala con muebles de Ikea que es la que utilizan los Reyes para recibir a los embajadores!. En la salida nos encontramos a un guardia vestido de Gala en una garita, le dije a Berta que se acercara para hacerle una foto con él, y de un gruñido la apartó; ¡qué le pasa a estos Suecos con las fotos!. Rápidamente, nos llevaron a la plaza donde estaba la figura de unos quince centímetros del niño pequeño y nos dejaron diez minutos de tiempo libre para pasear y disfrutar de la ciudad. Teniendo en cuenta el tiempo que tuvimos, dimos la vuelta a una manzana, vimos una plaza con unos edificios que por lo visto son muy fotografiados y devuelta al bus. Estar cuatro horas en Estocolmo compensa si paseas por la ciudad, simple y llanamente.

Bueno, se que algunos se estarán preguntando como fue la comida con el Capitán y estoy seguro que habrán acertado; no fui. Sabiendo que no seré criticado por ello, decidimos sentarnos en un bar por donde pasaban todos los pasajeros que vestidos como de boda de pueblo, (si, de pueblo pero de pueblo lejano a la ciudad), se querían hacer una foto con el Capitán. Momentos después de bebernos 6 Cosmopólitan y de reinos un buen rato, el Capitán pasó por nuestro lado y con una agradable sonrisa nos saludó.Obedientes a nuestros instintos nos fuimos a celebrarlo, primero a la popa donde vimos una bonita puesta de sol y donde Berta literalmente se lo comió. Jamás había visto las noches blancas. A eso de las tres de la mañana cuando decidimos irnos a dormir nos asombró como el sol comenzaba de nuevo a salir. Oscuro por estribor y clareando por babor.

San Petersburgo nos espera; ciudad tantas veces soñada y motivo principal por el que decidimos hacer este crucero.

P.D.: Desde la cubierta del barco, y contemplando las maravillosas vistas de la salida del puerto de Estocolmo, nos preparamos para asistir a una fiesta italiana.

El Báltico

Nadie se puede bajar del barco por la sencilla razón de que hoy es un día completo de navegación. Aprovechando el buen tiempo que hace hemos estado disfrutando de las hamacas y de la piscina. Todos los pasajeros, o por lo menos esa era la sensación que daba, estaban en cubierta. A base de buscar durante un buen rato,por fin encontramos un solo sitio libre, rápidamente colocamos nuestras toallas naranjas, al vernos, una amable señora alemana con sus pelos del sobaco al aire, nos ha cedido amablemente su sitio, yéndose a otro lugar. ¡La amabilidad no está reñida con la estética!. Inmediatamente nos hemos puesto en posición horizontal para recibir los agradables rayos de sol que el Báltico nos proporcionaba. Al cabo de un rato, nos hemos embuido del ambiente y nos hemos metido en un yacuzzi, si, un yacuzzi lleno de señoras orondas y felices.

Estando ya en el yacuzzi, hemos decidido probar la piscina y claro, desde ese momento ya somos parte del entorno. Sabiendo lo que todo eso conlleva hemos dejado los prejuicios aparcados en Sevilla y las dos primeras cervezas las hemos tomado rodeados de cruceristas, solo nos faltaba cantar la canción con la que George Dans popularizó; “el crucerito, el crucerito,como me gusta crucerear “.

Mi forma de ser no está cambiando, no os preocupéis, simplemente estamos adaptándonos a las circunstancias. Incluso ayer ya fuimos a la cena en la que te sientan con una pareja que no conoces de nada y tienes que charlar de lo divino y lo humano. Realmente no me costó mucho trabajo mantener una conversación distendida pues hablamos de Urdangarín, la corrupción, los trabajos, los niños, la vida de pareja y por supuesto de mi Betis. El único problema fue que a la pareja compañera no le gustaba beber y por lo tanto nos dejaron que disfrutáramos del resto de la noche solos en una discoteca, donde la música era tan mala que ni los jóvenes, ni los puretas bailaban. Indudablemente esto no es lo mío. Nadie que me conozca lo dudará. Ahora me dispongo a ir a la fiesta de la cerveza, y después Dios dirá, porque a la cena del Capitán, que es hoy, va a ir su…El Crucero

El Sol

El Bático

Kiel

Kiel, nos ha recibido con una leve lluvia. El barco está prácticamente pegado a la ciudad, pues no es un puerto de mar abierto, sino que entras por una dársena. No soy de los que piensan que Sevilla es el ombligo del mundo, aunque algunas veces pudiera ser, pero Kiel me ha recordado a mi ciudad y no porque se parezca sino por hacer todo lo contrario; haber vivido durante tantos años dándole la espalda al único río navegable que hay en España.

La ciudad en sí, no tiene nada interesante que ver. Una iglesia evangélica donde te llama la atención la figura de una gran Cristo desproporcionado y crucificado que está justamente delante de su altar. En la puerta de la Iglesia se encontraba su correspondiente pobre, parece que estos en todos los sitios son iguales. Esa estampa me ha hecho recordar lo fácil que es manipular las cosas. En Kiel, he fotografiado además del pobre de la Iglesia a un grupo de “perro flautas”, a un indigente durmiendo en la entrada de una tienda, a varios individuos a pie de calle con la mano levantada pidiendo limosna. Si el tal reportero de la televisión alemana al que tanto le gusta reirse de las costumbres de los españoles comentara estas fotografías, seguramente tendría un estupendo reportaje para criticar a su fabulosa nación.

La ciudad está de fiesta, por eso por la mañana estaba desierta, en varias plazas había escenarios montados y muchos kioscos de comida internacional. La española no podía faltar y entre ella, como indicababa un cartel; los chorizos.

Por los visto, la única torre antigua que queda es la del ayuntamiento. Los 7 euros que nos ha costado subir están bien aprovechados sólo por una causa; haber puesto en lo más alto del cielo de Kiel, el escudo del único e inigualable equipo que existe y existirá por los siglos de los siglos: El Real Betis Balompié. Como dato curioso puedo contar con respecto a la torre que su subida se hace en ascensor, pero sin puerta de seguridad; algo inviable en España.

Caminando por los alrededores del puerto nos hemos encontrado un espectáculo muy fryki. En un escenario estaba un señor, más serio que el Viti, cantando unas canciones regionales. Justamente abajo, un grupo de sesentones bailando una cosa muy rara. Daban vueltas entre ellos para encontrarse con un compañero cada vez distinto y a los cuatro o cinco compases se chocaban la manos dando un grito de: “Yuju”. Pero lo mejor era la vestimenta de las corpulentas y tetonas bailarinas. Llevaban unas faltas de mucho vuelo multicolor, que lo único que hacía era romper el poco atractivo que producía verlas cuando aireaban sus piernas al ritmo de la música.

Después de dos horas de dar vueltas por una ciudad que ni fu ni fa, hemos decidido volver al barco y tomarnos unas cuantas cervezas en la popa, lugar desde donde escribo en estos momentos y que junto al bar que está justo al lado, ha sido el sito que por ahora me tiene cautivado.