¿Qué hace que una imagen deje de tener movimiento y se quede parada para siempre en nuestras retinas? Pienso que la observación más que la visión.

La calle Amparo de Sevilla, no es una de las más transitadas de la ciudad, el principal aliciente es No-kitchen, restaurante peculiar y sorprendente donde el sabor asturiano de sus dueños casa a la perfección con su espíritu andaluz. Tengo que decir que antes de conocer a Ana Zapico y a su marido Blas Suero, mi paso por la calle Amparo era escaso. Desde que me regalaron su amistad y por supuesto su buen yantar, la calle es un lugar habitual para mi. El miércoles pasado cuando ya me iba después de haber tomado una carrillada divina, me encontré con la foto que muestro. Como si fuera un flash la imagen me atrapó, por eso congelé eternamente con mi iPhone el momento donde la luz y la sombra del atardecer embellecen lugares únicos. Lo que me sorprendió, y por eso la introducción de este texto, fue que los cuatros viandantes que pasaban por allí no se pararon ni un segundo a observar lo que yo estaba viendo.

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Animal de costumbres

Dicen que los hombres somos animales de costumbres. Como soy hombre me considero como tal y para ello pongo un ejemplo. Todos los fines de semana que no surge algo extraordinario desayuno en un bar de barrio que se llama Casa Molina. Ni Berta ni yo tenemos que decirle al camarero lo que queremos, con los buenos días respectivos nos ponen dos zumos de naranja, dos café con leche y una tostada integral con jamón y media integral con jamón y tomate natural. Nada más levantarme y ponerme en la barra del bar el camarero me pone un segundo café y me cobra 10 euros.

Después de un agradable desayuno donde charlo, me río, sueño y reflexiono viendo al barrió del Tiro de Línea pasar, me dirijo al quiosco de prensa para comprar los periódicos; el sábado el Diario de Sevilla, El Correo de Andalucía y El Mundo, con sus respectivos suplementos y el domingo El País, El Mundo y Diario de Sevilla, pues el ABC lo tengo en formato digital.

Con los periódicos en la mano, me acerco al puesto de la Once y le pido que me mire el cupón del domingo pasado y le pongo los dos euros para que me de otro, sabiendo a ciencia cierta que no me ha tocado nada. Una pequeña broma con quien en teoría me debería poner la suerte en las manos y a casa, a leer tranquilamente la información que he comprado.

Esto que acabo de contar son las costumbres pero a veces ocurren cosas inesperadas. El sábado pasado después de correr la nocturna, el cansancio y las agujetas hicieron mella en mi descanso por lo que me desperté más temprano de lo habitual y eso hizo que desayunara antes.

Los clientes no eran los mismos y los personajes que pasaban por la calles eran también diferentes. La luz, esa maravillosa luz de otoño al amanecer, también era distinta. Durante unos segundos vi una sombra en la pared de enfrente que iluminaba, como en forma de corazón, unas ramas de naranjo sobre un fondo blanco, esto me hizo levantarme y fotografiar con mi teléfono lo que mi imaginación creía ver.

Como buen animal de costumbres, me dejo seducir por la costumbres de asombrarme por las cosas bellas que observo.

P.D. Desde ahora en adelante quiero que mi blog sea más personal, haciendo lo contrario que opinan los «gurú» del marketing online. La información la derivaré a TCuento, un proyecto creado por Carlos Telmo, Ana Zapico y yo y las «pajas mentales», como dice mi amigo Francisco lo dejaré para mi blog de «como la vida misma».

No hay nada más bonito en este mundo que contar a los amigos las sensaciones que experimentamos de vez en cuando y eso es lo que pretendo hacer a partir de este momento con mi blog, escribir y mostrar fotografías de sensaciones desobedeciendo a los sabelotodos del mundo “Cloud” que con sus consejos nos quieren convencer que la realidad es virtual y no al revés.

Fotografiando la sombra /Eduardo Briones