Casa de los Pinelo

Nada más entrar en la Casa de los Pinelo te encuentras con un patio maravilloso donde el colorido verde de las plantas trepadoras contrasta con el cielo azul de Sevilla y sus pinceladas blancas de nubes, por lo menos eso es lo que se encontró mi cámara cuando soñó despierta el viernes pasado y así lo mostré en mi blog. Pienso que esta casa palacio es una gran desconocida y habría que darla a conocer.

Para todo aquel que no se quiera gastarse los siete euros que cuesta estar durante una hora gozando de este maravilloso palacio, les invito a que disfruten de la entrada, pues es gratuita y sobre todo gratificante a la vista y a los sentidos de todo aquel que aprecie las cosas bellas.

Del interior de la casa de los Pinelo sólo muestro dos fotografías; la primera una puerta abierta que enseña una pequeña escalera de caracol que no lleva a ninguna parte y la segunda, la iglesia pequeña y coqueta de esta casa tan increíble y desconocida a la vez. Quien quiera saber más acerca de este lugar; ¡qué la visite!

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DUQUESA DE ALBA

DUQUESA DE ALBA. /EDUARDO BRIONES

Desde hace unas semanas he intentado escribir algo sobre la Duquesa de Alba. He rebuscado en mi memoria momentos y sensaciones que me inspiraran algo que le pudiera dedicar a una señora que me crió en mi profesión.

Serrat en una de sus múltiples y maravillosas canciones ( “Mi infancia son recuerdos de un patio de Sevilla… Si, son versos de Machado pero sin la música de Serrat no serian lo mismo) dice, “no hago otra cosa que pensar a ti, y no se me ocurre nada”; pues precisamente eso es lo que me pasa a mi durante estas semanas, hasta que he visto hoy la foto que muestro. Como bien saben los que me conocen no me gusta manipular ninguna fotografía, lo que me encanta y fascina es lo que he hecho con esta; jugar con la luz y los reflejos

La duquesa de Alba de Goya disfrutando de los jardines de Las Dueñas, lugar en el que la Duquesa de Alba de Sevilla disfrutó tantos años viendo pasar, delante de donde madura el limonero, una infinidad de acontecimientos que la mayoría de las veces los periodistas hemos cubierto desde esta maravillosa puerta de entrada.

 

El beso.

El beso.

El Palacio Real de Estocolmo no es algo que impresione por su decoración y creo que esa es una de las razones principales por la que no te dejan hacer fotos, como  ya conté cuando escribí sobre el, pero a pesar de todo hay una escultura que cada vez que la veo me sigue llamando la atención. Está justamente debajo de unas escaleras. Buscando en internet, no encuentro ni el título de la obra ni a su autor, seguramente eso signifique que no tenga mucho valor y claro,  esa es una de  las razones por las que no me dedico a ser marchante de arte; porque a mi me gusta.

Si la escultura me impresionó al pie de la misma, más me atrajo desde esta posición elevada, pues parece que los amantes hayan buscado un lugar discreto para besarse apasionadamente. El beso es un acto sublime, donde el universo se para cuando se juntan los labios, y se cierran y se abren los ojos al unísono para dejar que la imaginación fluya libremente sin ningún tipo de cortapisas.

Cuando esta mañana he vuelto a ver esta fotografía he cerrado los ojos y he visto en la cara de la mujer de esta estatua a la persona que quiero.

Palacio de Dueñas.

Palacio de Dueñas.

Si alguien me pregunta cual es el lugar de Sevilla donde he estado más tiempo aparte de en mi casa, sin ningún tipo de duda diría que en la puerta del Palacio de Dueñas, sí, de Dueñas, no de las Dueñas

No es un lugar desagradable para hacer guardia, pues tanto el paisaje como el personal es agradable. Los turistas son un elemento de distracción, algunos llegan pensando que pueden entrar pagando una entrada y otros se sorprenden de poder ver solo un bonito jardín de entrada con una cuidada hilera de naranjos. Claro, están los que pretenden saludar a la Duquesa y los que preguntan las cosas más inverosímiles sobre ella. Los grupos organizados son otra fuente de distracción, algunos guías turísticos son de una imaginación fuera de toda realidad. En una ocasión, una joven guía, invitó a sus disciplinados y atentos turistas a fijarse en el azulejo que muestro en la foto y les dice; “Aquí en este palacio nació el gran poeta Antonio Machado, casi todos los poemas los escribió sentado a los pies de los limoneros que vemos detrás de la reja”. ¡Si dejó de vivir en Sevilla a los ocho años!. Por educación, respeto y cansancio me callé pero me reí una barbaridad cuando por la noche llegué al bar con mi amigo Guillermo y se lo conté.