La Macarena en la Universidad

Esperanza Macarena en la Univerdad

Haciendo lo que no tenía que hacer hice lo que no iba a hacer. Saturado de Semana Santa y de cincuentenarios, me encontré que sobre las seis de la tarde tenía que realizar un trabajo muy cerca de la Universidad, y esto es lo que vi a mi alrededor.

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La Macarena en la Plaza de España

La  Macarena en la Plaza de España

El lunes pasado mi amigo y admirado Alberto García Reyes escribía en su columna de ABC, que decir que se es macareno no era algo extraordinario pues toda Sevilla es de la Macarena. Yo, trianero convencido, le daría algunos matices a esta afirmación, aunque tengo que reconocer que es difícil.

Como hecho histórico y como estampa singular no he podido dejar de ir a la Plaza de España para cubrir la misa extraordinaria que se le oficiaba a la Esperanza Macarena. Las sensaciones que he experimentado las dejo reflejadas en fotografías, dedicadas a esa persona que me ha llamado estando en la ceremonia diciéndome; “fotografía todo para enseñármelo”. Justo en ese momento estaba haciendo una fotografía de un plano corto a la cara de la Virgen y me ha parecido que el ojo derecho tenía un derrame; o por lo menos eso es lo que me ha seguido pareciendo después de editar la fotografía: ¿Será de tanto llorar? Cuando ya me iba, desde uno de los puentes, he realizado la última fotografía sancando un lateral de la imagen, cuando Berta la ha visto me ha dicho; “¡parece que está viva!”.

Reírse de la “caló”

Hoy, se puede decir que ha sido el primer día de “calor” en Sevilla. Los pocos transeúntes que se han atrevido a salir a la calle a dar un paseo, han tenido que tener muchas ganas o necesidad de hacerlo.
Tengo una amiga que no soporta el calor y cuenta como de pequeña cuando estaba en su casa sin aire acondicionado y sentada en el sofá, se ponía a llorar por la “caló” que tenía. El padre, que es gallego y militar, le decía; «si no te mueves y no lloras, el calor lo notarás menos».
Sin lugar a dudas, estas tres chicas que aparecen en esta fotografía no han seguido los consejos del padre de mi amiga María, pues a pesar de los 49 grados que hacía por la zona de la Macarena, decidieron caminar y sonreír.