El otoño en Sevilla

Aunque oficialmente el otoño llegó astronómicamente el 23 de septiembre, las sensaciones de la estación como la melancólica y nostálgica, las sentí ayer al ver esta fotografía.

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Catedral de Sevilla

Es un pecado, aunque no mortal, pasar por la avenida de la Constitución y ver la puerta de San Miguel abierta de par en par y no entrar.

Hoy es de esos días que por cinco minutos me he sentido turista en mi ciudad, incluso un guardia de seguridad así lo ha pensado pues se ha dirigido a mi indicándome en inglés (con la cara de trianero que tengo) que me tenía que marchar pues el templo se cerraba en unos minutos.

De las miles de veces que he accedido al templo gótico más grande del mundo, nunca me he ido sin descubrir un detalle que por la luz, los sentidos o el estado de ánimo no había visto anteriormente.

Los cinco minutos que me ha permitido el guardia de seguridad estar en la «montaña hueca» han sido suficientes para fotografíar lo que había visto otras veces pero de forma diferente.

P.D. Con el Giraldillo y el cielo de Sevilla, me pasa igual que con la Catedral, son mis debilidades.

La fe

La fe

Cada vez que veo El Giraldillo suspendido en lo alto de la Giralda me acuerdo de la Fe, pero no de la que mueve montañas, sino la que ayuda a dar confianza en lo que se desea.

La veleta de bronce representa el triunfo de la fe victoriosa. No voy a entrar en detalles teológicos sobre la fe, ni tampoco alabaré la gran estatua renacentista, ni siquiera preguntaré por qué le llamamos “El Giraldillo” a una figura de mujer. Lo que más me atrae de esta talla cristianizada a raíz de una versión pagana, (Palas y Minerva) es su simbología.

Para mi, la fe está relacionada con el optimismo y la esperanza. Hoy, hace justamente una semana, mi optimismo y mi esperanza se erigieron victoriosos.

Sevilla tiene un color especial.

Sevilla tiene un color especial.

Una canción popular dice: «Sevilla tiene un color especial». Posiblemente, estamos tan acostumbrados a disfrutar del color de nuestra ciudad que damos por sentada la obviedad. Tanto el azul del cielo, el verde de las hojas bañadas por la luz de la mañana y el negro desenfocado de El Giraldillo,  me han vuelto a recordar que ese color especial solo se puede ver y apreciar en Sevilla.