Piedra borrada

Buscando una fotografía encontré otra que es la que muestro. La hice el año pasado y por las cosas de la vida no la publiqué. Esta pareja estaba leyendo justo al lado de la entrada del aparcamiento de la Puerta de Jerez una inscripción que se encontraba en una piedra. Mi curiosidad la leyó también. Decía algo así como que debajo de esa piedra se encuentran unas ruinas árabes que fueron tapadas. Entonces me acordé de lo mal que se hacían las cosas en Sevilla no hace mucho tiempo. Ante la primera reacción de regocijo por parte de la Administración Publica por haber hallado una muralla musulmana, se pasó a no saber que hacer con ella, con el consiguiente gasto y molestia por parte de los ciudadanos, pues entre dimes y diretes pasaron unos cuantos años.

El otro día pasé por la Puerta de Jerez y me paré para fotografiar la inscripción de la piedra para publicar en mi blog un texto con la fotografía que tratara sobre como algunas veces los turistas descubren cosas de Sevilla que ni los mismo sevillanos sabemos o recordamos. Mi sorpresa fue ver que sobre la piedra ya no había manera de entender nada, pues lo que tan solo hacía una año era un texto legible, ahora era un borrón. (La fotografía la muestro al final del texto).

Me indignan las cosas mal hechas con dinero público. ¿Por qué sobre la base de la Giralda se puede contemplar perfectamente una inscripción que se realizó hace muchos siglos y en la Puerta de Jerez es imposible ver la rotulación de una piedra que se puso hace pocos años? ¿Las técnicas antiguas eran más modernas que las actuales? ¿Sería que a los responsables de tapar los restos árabes les dio vergüenza de lo que hicieron y pusieron la piedra para que en unos años se olvidara toda la incongruencia y el gasto público que derivó tal chapuza?

La única pena que me da de todo esto es la cara que se le queda a los turistas cuando ilusionados por lo que han leído en una guía de viajes, se encuentran con una piedra sin historia.

Piedra borrada. /Eduardo Briones

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Unas flores unas velas y unas zapatillas

Flores, velas y zapatillas /Eduardo Briones

¿Qué se le puede pasar a un ser humano por la cabeza para decidir quitarse la vida? Es la pregunta que me hice este mediodía cuando vi en el suelo que da a la parte norte de la Giralda, o sea, «Fortissima», unas flores, unas velas y un par de zapatillas.

Me ha producido un tremendo escalofrío ver esta imagen, pues lo que representan las flores y las velas es obvio, pero las zapatillas, que conservan todavía resto de sangre en su tela, son un simbolismo que se me escapa.

Cuando estaba fotografiando la imagen que muestro, unos chavales han comentado: “¡Mira,las zapatillas de la bailarina que se suicidó!». Extrañado, he pensado; qué raro, no leí que la mujer que se suicidó era bailarina. Recuerdo leer la noticia que decía que la señora que perdió la vida a los pies de la Giralda había tenido últimamente una vida muy dura ; su marido había matado a su hija de un tiro y después se había suicidado. Lo que está claro es que con el paso del tiempo la realidad se agranda para convertirse en leyenda popular, por lo que el significado que nos expliquen en unos años sobre el porqué de las zapatillas, no tendrá nada que ver con la realidad.

No sé quien ha puesto las flores, las velas y las zapatillas en el lugar donde una señora perdió su vida después de subir las 35 rampas con sus últimos y únicos 17 escalones que dan a la terraza de las azucenas de la Giralda y dejando el bolso en el suelo, trepar la rejas «antisuicidios» y debajo de la campana de San Cristobal; precipitarse al vacío.

Lo único cierto de esta historia es que una persona desesperada de

la vida, la perdió sin darse cuenta que mientras subía las 35 rampas con sus últimos y únicos 17 escalones que dan a la terraza de las azucenas de la “Turis fortíssima» alguien le iba a echar mucho de menos y que públicamente se lo demostraría colocando en el lugar donde respiró por última vez; unas flores unas velas y unas zapatillas.

El gozo de ver la Giralda

El gozo de ver la Giralda

El monte del Gozo, es el mejor nombre que se le puede poner a una montaña, a pesar de que cuando llegas a el, las torres de la Catedral de Santiago apenas se ven; aunque se intuyen. Si haces el Camino de Santiago, no hace falta que nadie te diga que es en ese lugar donde puedes contemplar el final de la ruta.

Cuando llegas por primera vez a Sevilla la referencia siempre es la Giralda, al igual que cuando llegas a París es la Torre Eiffel. A pesar de que ahora pueda llamar la atención una torre más alta, la vista de la Giralda, es la que seguirá produciendo el gozo de saber que se está cerca de una ciudad única y maravillosa.

Cuesta del Caracol

Cuesta del Caracol

Para contemplar Sevilla, no hay mejor lugar que la cuesta del caracol. Desde pequeño tengo grabado en mi me mente esa imagen de la ciudad. Lo que más me llamaba la atención era cómo sobre toda la ciudad sobresalía su torre más alta; “La Giganta”, como denominó Cervantes a la Giralda.

Hacia tiempo que no me detenía en la cuesta de caracol. Hoy mis esquemas y mis sensaciones ha cambiado, “la giganta”, la ha empequeñecido un monstruoso capricho de hormigón.

Nunca estuve ni estaré en contra del progreso ni de la modernidad, pues se que la modernidad de ahora será la antigüedad del mañana, pero, ¡no había nadie con sentido común para llevarse la torre un poco más lejos!