Carri bici

Carri bici

Esta mañana en ABC, de Sevilla, he leído un artículo de Antonio Burgos titulado: «Ya somos Copenhague». Por lo visto, Sevilla, está muy bien situada en la clasificación de ciudades amigas de la bicicleta. La primera es Copenhague, y de ello doy fe, y nuestra ciudad es la cuarta.

Una exclamación del artículo me ha llamado la atención… «¡Quién fuera carril bici!». Esta claro que tenemos un carril bici excelente y bien construido, otra cosa es el coste, el trazado y la manipulación política. Estoy de acuerdo que hay barrios que más quisieran que se les tratara con el presupuesto que para este año el Ayuntamiento ha destinado para el mantenimiento de los carriles bici.

Ocurre que cuando bajas a la arena de la realidad, te encuentras que aquí, en Sevilla, somos diferentes. En Copenhague, el carril bici en su mayoría del trazado, consiste en unas líneas pintadas a un lado de la carretera. Aquí por ser mejor que nadie, hicieron una carretera verde en todos los barrios, utilizada por pocos ciclistas. Pienso que con una simple raya en la acera hubiera sido suficiente para que los que más lo utilizan, personas con falta de movilidad y muchos perros paseen tranquilamente por allí, ya que en algunas zonas el carril nos ha dejado sin espacio para pasear.

Anuncios

Bicicleta a buen recaudo

Bicicleta a buen recaudo

Llama la atención cuando estás en Copenhague y ves la cantidad de bicicletas que están aparcadas sin candado en las calles. Lo primero que piensas, es que en Sevilla eso sería imposible. Desde que Cervantes escribiera en el siglo XVI Rinconete y Cortadillo, la idiosincrasia del sevillano ha seguido siendo igual que cuando describió en sus Novelas ejemplares a este par de pillos sevillanos. Eso lo tiene muy claro el dueño de esta casa, que pone su bicicleta a buen recaudo en lo más alto de la torre.

Ultimo día, Copenhague

Fin de trayecto y fin de aventura cruceística. Tal como escribí en el primer Post, Copenhague, me llamó la atención aunque solo vi la ciudad en autobús durante el trayecto que iba del aeropuerto al puerto. Hoy, en la primera excursión decente de este crucero, en dos horas y media me he hecho una idea de la ciudad y como consecuencia de ello la he puesto en mi lista de futuras ciudades por conocer mejor.
!Espero que el Betis triunfe en Europa y nos haga viajar!

La sirenita ha sido la primera parada, la hemos distinguido, no por su tamaño, pues es pequeña, sino por la cantidad de gente que había a su alrededor y entre ellos los sempiternos, numerosos e impacientes japoneses, cuyo mayor deseo no es contemplarla, sino fotografiarla.

Desde que el barco se despedía de Copenhague y regresó, lo que más me llamó la atención era una cúpula parecida a la del Vaticano. Bajo mi humilde opinión, no tiene nada que envidiarle a la original y además el entorno donde está ubicada, después de los palacios reales, la hace parecer más regia.

La pena, ha sido que no hemos podido pasear por el puerto nuevo, que es antiguo. Una rápida pasada con el autobús nos ha puesto el caramelo en la boca para que un día volvamos y deambulemos tranquilamente por el, nos tomemos una cerveza en sus múltiples terrazas y contemplemos las bonitas casas de colores que hay a cada lado de su pequeño canal.

Ahora ya en el avión de regreso a España, intento recordar todo lo vivido, reído, comido (mucho) y conocido. Aunque he jurado en arameo no volver a embarcarme en un crucero, pues me gusta ser libre a la hora de viajar, hay cosas por las que ha merecido la pena venir. En primer lugar San Petersburgo, Copenhague y Estocolmo. En segundo lugar las pocas personas que hemos conocido y con las que hemos compartido la guasa, la risa y las copas. Las más destacada, con diferencia; Verónica y Elena, dos jóvenes valencianas libres como nosotros. Fluyó la química nada más vernos en lo alto de una torre de la ciudad de Kiel. También hemos disfrutado con nuestros compañeros de cena, (aunque faltáramos a unas cuantas) Leticia y Alberto que a pesar de no tener nada en común con nosotros, nos han hecho pasar momentos agradables y simpáticos, pues aguantaron nuestras bromas con espíritu deportivo. Por último, un venezolano, cuyo nombre no conozco y que me cayó mal al principio pero que por la noche con su bailes y ritmo nos ganó a los diez que nos quedábamos hasta las tantas en la discoteca del barco. Y por supuesto a mi fiel compañero de viaje que tanto bien hace por mi; el ibuprofeno

Sólo me queda agradecerles a la familia y compañeros de trabajo de Berta la oportunidad que nos han dado de poder olvidarnos por una semana de todo el estrés y rutina diaria que durante este año hemos padecido; en particular Berta . Aunque nos hemos acordado continuamente de las personas que queremos, este viaje nos ha dado la oportunidad de aislarnos y coger la energía que tanta falta nos hacía, aunque por desgracia tanta energía nos ha engordado tres o cuatro kilos.

P.D. Si alguien va a realizar un crucero con MSC Música, “cuidadín” con varias cosas, primero las excursiones; mal organizadas y peor comunicadas, segundo la diversión; casi todo está pensado para los alemanes de la tercera edad, y por último el despotismo con que te trata el personal de abordo ante cualquier eventualidad, eso sí con una sonrisa de “te qui yá”.

Cophenague

Hoy he visto y no he visto Copenhague, me explico. Hemos llegado, (Berta y yo),  al aeropuerto a las 3 y media, nos han montado en un autobús para llevarnos al puerto donde salía el crucero que nos llevará a Kiel, Estocolmo y San Petersburgo. Por las ventanillas del bus he observado varias cosas, lo plana que es la ciudad y como resultado de ello la cantidad de bicicletas que circulan y están estacionadas, (sin candado) por sus calles. Otra cosa que me ha resultado curiosa es ver como en pleno centro de la ciudad hay un parque de atracciones, llamado Tívoli, cuya torre, muy alta y que parece como de caída libre,  es más bien, “un carrillo de las patás”, como diría mi amigo Telmo. Las farolas de las calles también me han llamado la atención, pues no están en los laterales de las carreteras sino justo en el centro de ella, pues están cogidas con cables. Por último; lo rubios que son todos los niños.

 

Una vez en el barco, nos ha sido prácticamente imposible abandonarlo, pues entre el lío de estar en un sitio tan grande y tan mal explicado, ( eso si, siempre con una sonrisa) y el poco tiempo que quedaba para salir del puerto, hemos decidido conocer a fondo el lugar donde nuestros sueños se ausentarán durante una semana de la tierra firme. No es que no supiera el personal que utiliza este medio de transporte para pasar sus vacaciones, es que siempre tuve la esperanza de estar equivocado. Como decía Berta cuando estábamos en el “espectáculo” del simulacro, esto es; ¡Benidorm, Benidorm!.

 

Lo mejor de primer día de crucero ha sido la salida del puerto, el cielo se había despejado, el sol calentaba lo suficiente como para sentir la suavidad de sus rayos. Desde la popa nos hemos ido despidiendo lentamente de una ciudad, aunque no de las gaviotas que nos han seguido hasta el anochecer.  Desde la cubierta del barco, he descubierto varias cosas que me atraen de Copenhague y que con interés harán que vuelva. He fotografiado, siempre con un teleobjetivo, una cúpula que es una réplica de la de San Pedro del Vaticano. Las torres de varias iglesias que contrastaban con edificios modernos. Los molinos de viento que en medio del mar no quedan mal, (no me gustan los que ponen en las montañas) y por último, un puente inmenso en medio del Báltico que parece a primera vista que no sirve para nada, pues baja en una isla y la carretera es como si desapareciera, (claro, es que vengo de Sevilla, donde las cosas más absurdas se han hecho con dinero público), pero cuando miras con el teleobjetivo observas que comienza un túnel que seguro irá a alguna parte.

 

(Con este post en formato fotogalería no pretendo hacer una guía de viajes, ni por supuesto un aburrido y coñazo  álbum fotográfico, simplemente quiero contar y mostrar brevemente, sobre todo, a aquellos que han contribuido a nuestro viaje, como están siendo nuestras “Vacaciones en el mar”.)