Sonrisa

Cuando vemos fotos de la Cabalgata de los Reyes Magos esperamos encontrarnos con caras de niños con la ilusión de la inocencia expresada en su más alto nivel. Ayer, vi muchas caras de esas, pero la expresión que me llamó la atención fue la de un hombre mayor que como un niño desbordaba una sonrisa tan limpia y sincera que emocionaba cada vez que le tiraban caramelos desde las carrozas reales. No es la primera vez que veo a este hombre, pues pasea habitualmente por el barrio con un porte elegante y risueño pero con una memoria efímera. Este verano lo vi entrar en el cine de verano de la Diputación de Sevilla y se quedó durante toda la película absorto en ella, sin prácticamente mover una pestaña. No recuerdo que película vi, pero si recuerdo que lo observe y pensé ; ¿qué estará pensando? Mi memoria algunas veces también es efímera pero mis recuerdos son eternos, mis miradas algunas veces se pierden en el abismo pero mis sensaciones se mantienen en la memoria para siempre.

¿Qué piensa un hombre que no recuerda el pasado?, es la misma pregunta que me hacía el otro día cuando tenía a mi sobrino Julio en brazos, que tiene 9 meses y lo miraba y me sonría. Algunas veces la madurez y la niñez se juntan para regalarnos una sonrisa que nos alegra el día.

Espero que el destino no me haga dejar de reconocer a las personas que quiero y me quieren, pero si alguna vez ocurre, deseo que cuando me vean soltar una sonrisa piensen que soy como un niño que disfruta de las pequeñas cosas y que con ellas les quiero hacer ver que los necesito.

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¡Qué gran contradicción!

Ayer por la mañana tuve que ir a las puertas de los juzgados de Dos Hermanas para intentar fotografiar la entrada y salida de Manuel Lebrón, que fue detenido tras ser denunciado por su exmujer por el secuestro de sus dos hijos. La espera, desespera y más cuando es imposible hacer el trabajo que mi agencia requiere y no es por mí, sino por las circunstancias adversas que se produjeron.

¿Qué haces cuando estás esperando durante siete horas a que ocurra algo que puede durar unos minutos? Pues, además de hablar con los compañeros y contar mil y una cosas, observar lo que ocurre a tu alrededor. Al cabo de una hora me di cuenta que en la plaza donde estábamos esperando había una estatua de una niña que se titulaba ‘a  la inocencia’. ¡Que gran contradicción! ¡Justo enfrente estaba un padre al que estaban juzgando por, entre otras cosas, olvidarse de la inocencia de sus hijos!

Al cabo de un rato, empezamos a escuchar tambores y trompetas y seguidamente vimos cómo sobre un paso elevado pasaba un pequeño cortejo que se componía de un grupo de músicos vestidos de beduino seguido de tres Reyes Magos con sus respectivos pajes. ¡Qué gran contradicción! ¡Justo enfrente estaban juzgando a un padre al que le importaba un bledo que sus hijos vivieran la magia del fin de la Navidad!

Ayer me fui por la tarde pensando que mi trabajo había sido inútil: ¡Qué gran contradicción! Buscado la fotografía de un presunto delincuente sólo puedo aportar la imagen de los policías que lo escoltaban. Buscando lo imposible encontré lo probable.

 

 

 

 

AÑO NUEVO, LUNA NUEVA

Con la luna mañanera como testigo, cumplo con la promesa no prometida en año nuevo de continuar con el blog que hace unos años inicié y que interrumpí por circunstancias varias difíciles de explicar y fáciles de entender.

 

Esta mañana al levantar la persiana de mi casa me he encontrado con la luna. Le quedaba poco tiempo para desaparecer. Al cabo de unos minutos contemplándola y todavía con el sueño en mi cuerpo, he cogido la cámara y la he fotografiado, recordando un WhatsApp que me envío mi amigo Javi el mes pasado cuando fue la última superluna del año diciéndome: “Me has fallado, ¡No has fotografiado la luna !”.

 

Todo el que me conoce sabe mi fascinación por el satélite natural. Durante un buen tiempo me volví lunático, en el sentido literal de la palabra y es una enfermedad que se produce en mi cada poco tiempo, sin síntomas de que amaine. Por ahora la única cura, probada científicamente, es la de fotografiarla, pues así no dejo de verla durante unos días y el efecto persuasivo de su luz, relaja mi sensibilidad.

 

Con la luna como testigo, prometo no dejar de compartir instantes perdurables en el tiempo, y no dejar que ni la pereza ni la falta de motivación destruyan un proyecto que me hace ser como la vida misma.

superluna enero

Superluna, desde el balcón de mi casa a las 8 de la mañana

Superluna enero

Jacaranda

Ayer por la mañana, camino del trabajo,  una belleza visual hizo que frenara bruscamente la moto para contemplar el esplendor de la hojas moradas de unos árboles  que se encontraban en los Jardines de la Buhaira.

Ayer por la tarde, corriendo por el parque del Prado de San Sebastián, bajé el poco ritmo que llevaba para contemplar el esplendor de las hojas moradas de unos árboles.

Ayer me hice fans incondicional del árbol de la Jacaranda.

 

10 de febrero

Soy de los que piensan que la vida se origina en la concepción y por eso le doy tanta importancia a esa fecha, pero claro, ante lo tangible del nacimiento que es cuando la magia de la vida se contempla en su máxima expresión, no hay efemérides que pueda superar eso.

Ayer por partida doble mis recuerdos y sentimientos se juntaron viendo a dos seres que quiero y querré toda mi vida. Mi hijo Pablo que cumplía 19 esplendorosos años y mi sobrino que acababa de nacer.

A las 18.12h., después de haber saboreado una estupenda conversación con Pablo, siendo testigo de ello un chuletón de categoría, recibí un whatsapp de mi madre adjuntando una fotografía de un recién nacido que con apenas unos minutos de vida exterior ya demostraba que este mundo a donde ha venido merece ser exprimido. La complaciente mirada perdida del recién nacido ante el regazo de la paz absoluta como es el pecho protector de una madre, le hace comprender todavía sin saber, que no hay nada mejor en el mundo que ser amado, no por deseado, que lo es, sino por instinto.

Los labios secos de la madre que aparecen en la foto muestran una mirada que no se ve pero se siente y conmueve. A mi particularmente, me llena de ternura, pues se a ciencia cierta el recorrido difícil y algunas veces cruel que tuvo que pasar para que llegara este momento. ¡No habrá una mejor madre qué pueda criar a mi sobrino! ¡Qué buena elección hizo mi hermano para que las raíces de la familia siguieran creciendo!

En la fotografía también vi a mi hermano Jesús, pues en ella muestra la esencia de sus sentimientos, él no nos quería enseñar a su precioso hijo recién nacido sino demostrar lo que había sido ese momento. Había habido dolor, la sangre en la sábana así lo demuestra. Había habido llanto; la expresión de la cara del niño es la placidez absoluta que se tiene después de haber llorado de alegría. Una parte de la mano de la madre abrazando a su bebe nos indica y muestra que le ha nacido un tesoro que hay que admirarlo sin estrujarlo. ¡Qué suerte tiene un hijo al nacer cuando se encuentra tanto amor a su alrededor!

El 10 de febrero es la fecha que estará doblemente colocada en un trozo de mi corazón, pues me recordará para siempre como al comenzar el verano dos semillas germinaron para crear dos vidas maravillosas.

Nacer y morir

No soy muy aficionado a ver Belenes y es más; me gustan más bien poco. Ayer, sin saber porqué, entré en uno que se encuentra en la iglesia del Salvador. Al verlo, me quedé quieto y no por la belleza de sus figuras sino por el significado tan importante que transmite.

El misterio del Cristianismo representado en un instante ¡La vida humilde del hombre más grande de la historia y la muerte cruel del redentor de la humanidad!

 

SOL Y AMISTAD

María Ostiz, cantaba a principios de los años 70 que un pueblo “es algo más que una maleta/perdida en la estación del tiempo” y de eso me acordé el otro día cuando estuve en un pueblo de la sierra norte de Sevilla, concretamente en Cazalla de la Sierra.

Entre las mil maravillosas sensaciones que me traje, sobresalió una que es la que muestro en las dos fotografías de este post. En la parada del autobús, dos viejecitos (lo siento si no soy políticamente correcto por decir viejecitos a señores mayores de la tercera edad) se juntaban alrededor de una mesa de plástico, utilizando uno el asiento de la parada y el otro el andador, para jugar a las cartas ante unos rayos de sol, que más que iluminar, acariciaban la piel.

El sol de invierno y el aire limpio de la sierra, fueron testigos privilegiados de cómo en este pueblo, una maleta de buenas sensaciones se queda perdida en el tiempo, para enseñarle a todo el que quiera que la felicidad esta en disfrutar de las cosas que la vida nos regala. En este caso; sol y amistad.