Sanlúcar de Barrameda

Un atardecer en la terraza del hotel Guadalquivir de Sanlúcar de Barrameda es gozar de la luz. Hacía tiempo que no subía al bar de esta terraza para tomar una copa, mi propósito era fotografiar la luna, pero como he llegado antes de que se pusiera el sol, el espectáculo visual que he contemplado ha sido mágico y por lo tanto, imposible de recoger con una cámara fotográfica en todo su esplendor.

Sanlúcar de Barrameda es pueblo que pertenece a la provincia de Cádiz y a la vez a un barrio de Sevilla. La singularidad de su enclave hace de este rincón del sur, un lugar único y especial.

El coto de Doñana, uno de los parques naturales más importantes de Europa, está separado del pueblo por el río Guadalquivir, que ya casi es mar, pues el río en si, desemboca unos kilómetros más arriba, concretamente en el barrio marinero de Bonanza. Esto hace que Sanlúcar tenga una playa que es mitad mar y mitad río, por lo que no es el lugar idóneo para los que buscan solamente sol y playa. Si Sanlúcar tuviera una buena playa no sería de Barrameda y por consiguiente la excelente gastronomía que se degusta en dos lugares emblemáticos como son Bajo Guía y la Plaza del Cabildo, no existiría. Si Sanlúcar no tuviera el Coto de Doñana enfrente su puesta de Sol no sería única y su Barrameda (el río desemboca en barra y de ahí su apellido) no reflejaría el esplendor de un cielo limpio.

El sábado pasado volví a la terraza del hotel Guadalquivir que no es ni el bar más bonito ni el más singular del pueblo pero sí el lugar idóneo para contemplar unas de las puestas de sol más impresionantes del mundo.

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FIN DE LAS VACIONES

Nunca supe despedirme de unas vacaciones, aunque siempre me suena una canción. “Adios con el corazón”. Tantos finales de verano cantándola cuando era joven e inexperto que ahora que soy mayor y todavía inexperto la música suena en mi corazón cuando me voy alejando del lugar donde la monotonía se convierte en tu mejor aliado. Tengo la sensación extraña de haber estado mucho tiempo en el mismo lugar y poco tiempo en el mismo sitio. A veces las contradicciones son la mejor alianza para el disfrute.

Leyendo el blog de los recuerdos me asiento en la realidad que viví. Insisto a mis amigos, aunque casi nunca me hacen caso, a que escriban y fotografíen sus viajes y lo repasen al cabo del tiempo, pues son volverlos a vivir al cabo del tiempo. ¡Anticiparse a los recuerdos requiere un mínimo de esfuerzo!

Espero leer los post de esta semana el año que viene antes de venir de vacaciones para recordar los buenos momentos que he sentido. Sé, que las imágenes me recordarán risas, reflexiones y compañía.

Me siento muy gratificado por los comentarios jocosos que algunos me han enviado: ¡Incluso los negativos!. Ver y observad lo cotidiano es lo que más me gusta. Investigar la costumbre del ser humano en mi silla de playa es para mi, lo más distraído del mundo.

Dando las gracias a todos los que me siguen, termino con esta paja mental, (como dice mi amigo Francisco) dándoles las gracias a Juan y Laura por su generosidad impagable y como decía una amigo mío cuando quería que lo dejaran en paz: ¡Adioooooooooooos!.

P.D. Las últimas fotos que muestro están hechas con el corazón, recordando a mi amigo Pablo Beca que hoy está pasando por el duro trance de despedir fisicamente y para siempre a su progenitor. ¡Amigo, espero que sientas este fuerte abrazo que te mando desde la distancia. Te lo envío con la perpetuidad que tiene lo publicado y que aunque no te de ánimo, pues hoy no lo hay, te de consuelo!

Desde mi silla de playa

Desde mi silla de playa veo, observo, fotografío y luego escribo. Eso sí, ni todo lo que veo lo fotografío ni todo lo que observo lo escribo. Ayer me adelanté a la pareja que esperaba la puesta de sol para realizar el reportaje fotográfico ( por cierto, siguió el ritual que describí ayer y además se le unió otra pareja), para hacerle fotos a los dos bellezones que estaban esperándome a pie de playa; Sol y Berta.

A diferencia del hombre, que lleva a la espalda el barroquismo bético, mis fotos no son tan cuidadas y medidas como las de este señor, más bien son fotos robadas que intentan reflejar lo cotidiano, pues la belleza es natural como la vida misma.

Desde una silla de playa

Ayer un bichito misterioso e invisible le dio a Berta un picotazo en un dedo del pie mientras dábamos un paseo por la orilla de la playa, eso hizo que el paseo durara muy poco pues además del dolor intenso, el dedo se le puso como cuando Falete se come tres platos de fabada en No-Kitchen. (Esto no es publicidad encubierta sino cubierta).

El bichito misterioso e invisible, hizo posible que durante una hora estuviera sentado en una silla de playa y desde ese lugar, que tan poco me gusta, hiciera fotografías con un objetivo potente. El resultado es el que muestro, aunque por la ley de protección del menor he borrado las caras a los niños que aparecen en ellas.

La calma

Después de la tormenta siempre llega la calma y ayer fue un día de calma. Los que me conocen y me siguen saben que lo qué más me calma es pasear por la playa al atardecer. Después del fin de semana desesperante por culpa de un concierto colocado en un lugar inapropiado conseguí cumplir con uno de los propósitos de las vacaciones; relajarme.

Durante esta semana de vacaciones sólo pretendo encontrar el equilibrio de espíritu que me de la tranquilidad necesaria para afrontar los nuevos retos que comenzarán muy pronto. Ayer al atardecer, paseando por la playa, comencé a sentir y a fotografiar el propósito de esta semana de vacaciones.

Mirada perruna

Mirada perruna. /Eduardo Briones

Este verano en Tánger me llamó la atención los pocos perros que había por la calle siendo paseados por sus correspondientes amos. Cuando lo cuento, los chistes sobre el asunto son múltiples; algunos muy desagradables y otros graciosos e imaginativos.

El año pasado en Cádiz me ocurrió lo contrario, sobre todo en el barrio de la Viña, parecía como si una voz en off dijera; “No salgan sin sus perros”, pues lo raro era ver a un hombre o mujer con un solo animal.

Como yo no soy muy amigo de los animales en cautiverio, pues me gusta que todos tengan sus espacios, los observo y me llaman la atención porque yo nunca los tendría.

El otro día en la calle San Fernando de Sevilla, me paré en seco cuando vi la escena que muestro; una señora plácidamente en una cafetería viendo pasar la vida mientras su perro la mira con paciencia y admiración.

¡Se admiten chistes sobre esta situación!

Cádiz, marco incomparable.

Cádiz, marco incomparable. /Eduardo Briones

 

¡Qué tendrá Cádiz que tanto enamora! Ayer se me pasaron las horas volando sentado en el “Quilla”, que se encuentra en el paseo, Antonio Burgos, donde el autor de las Habaneras de Cadiz contempló “las olas de la Caleta, que es plata quieta” y yo fotografié el marco incomparable de esta maravillosa ciudad.

Al igual que los musulmanes tienen que visitar la Meca por lo menos una vez en la vida, todos los ciudadanos del mundo deberíamos por obligación, ir por lo menos una vez al año a este santuario andaluz.

 

PD. Mi peregrinación a Cadiz del año pasado.https://eduardobrionesgomez.com/2013/07/30/cadiz/