DUQUESA DE ALBA

DUQUESA DE ALBA. /EDUARDO BRIONES

Desde hace unas semanas he intentado escribir algo sobre la Duquesa de Alba. He rebuscado en mi memoria momentos y sensaciones que me inspiraran algo que le pudiera dedicar a una señora que me crió en mi profesión.

Serrat en una de sus múltiples y maravillosas canciones ( “Mi infancia son recuerdos de un patio de Sevilla… Si, son versos de Machado pero sin la música de Serrat no serian lo mismo) dice, “no hago otra cosa que pensar a ti, y no se me ocurre nada”; pues precisamente eso es lo que me pasa a mi durante estas semanas, hasta que he visto hoy la foto que muestro. Como bien saben los que me conocen no me gusta manipular ninguna fotografía, lo que me encanta y fascina es lo que he hecho con esta; jugar con la luz y los reflejos

La duquesa de Alba de Goya disfrutando de los jardines de Las Dueñas, lugar en el que la Duquesa de Alba de Sevilla disfrutó tantos años viendo pasar, delante de donde madura el limonero, una infinidad de acontecimientos que la mayoría de las veces los periodistas hemos cubierto desde esta maravillosa puerta de entrada.

 

Cargando con el Delfín.

Cargando con el Delfín.

En el Post de los domingueros, faltó una fotografía que dejé aparcada para cuando un debate en el Congreso o un tapón en el oído me impidieran bajar a la playa.

El azar ha querido que fuera hoy, que estoy “Beethoven” y que no se si por ese motivo o por la falta de entendimiento de los principales partidos políticos de este país, estoy decepcionado. Hoy, no me apetece hacer ninguna fotografía que ilustre lo que ha significado para mis vacaciones este día, pues, como diría una amiga con una sonrisa aguardientosa; «¡Es qué hoy no te enteras de “na”!, por eso tiro de archivo.

Todos aquellos que hemos tenido la suerte de veranear en familia en la playa con niños pequeños, nos hemos sentido “sherpas” tanto a la ida como a la vuela. Se suele decir que los niños en la playa se distraen con cualquier cosa; ¡MENTIRA!. Todos sin excepción, necesitan múltiples artilugios para entretenerse y algunos de un tamaño considerable, como el de este Delfín que se lo endosan a la suegra, (digo suegra porque eso a una madre no se le hace) en el andador que a duras penas avanza por una arena dificultosa.

Domingueros

Domingueros
Los domingo es el día grande de los «domingueros», ya sea en el campo o en la playa. Si, ya se que no estoy descubriendo nada nuevo, pero es que la especie me divierte, pues es una forma de vivir en grupo de amigos y familias, aparentemente divertido.

Pandillas de personas bien avenidas y mejor organizadas, montan un campamento en medio de la naturaleza para disfrutar de ella y sentirse a gusto, hablando fuerte, entorno a una mesa llena de comida y bebida. Pienso que el origen de todo, (no soy antropólogo, aunque tenía un amigo de un amigo que si lo era) proviene de los primeros pobladores de la tierra, que según me contó una vez mi amigo, eran nómadas y les gustaba mucho la «cuchipandilla».

Ayer en la playa, como no, al atardecer, los estuve observando, aunque algunos estaban ya de recogida, otros seguían a pie de arena con sus «chiringuitos» organizados «domingueramente».

Los patitos en el agua

Los patitos en el agua

«Los patitos en el agua/ meneaban la colita/ y le decían uno a otro/ ay¡ que agua tan fresquita/. Cuando vi esta escena en el río Guadalquivir, rápidamente me vino a la mente esta canción y por supuesto; muchos recuerdos de mis hijos. Cuando nació el primogénito, Luis Eduardo, no tenía ni idea de las canciones que se les cantaba a los bebes, pero su madre, si. Recuerdo perfectamente la primera vez que la escuché, llegaba del trabajo con los pensamientos todavía en lo que había estado haciendo o dejado de hacer y entonces vi como en la bañera estaba tendido mi hijo encantado de la vida sostenido con la mano derecha de su madre mientras con la izquierda le enjabonaba suavemente cantándole la canción de los patitos.

Esa canción la hice mía, interpretándola a mi manera y coreografiandola según las circunstancias y la edad de mis bebes. No se si ellos tienen esa canción como referencia de su infancia, por eso, con esta fotografía quiero “cantarle” a todo el mundo, cuantos momentos felices me hicieron pasar cuando eran unos renacuajos. En estos momentos, que ya son mayores, ya no les puedo cantar canciones infantiles, por eso sólo me queda decirles lo orgulloso que me siento de ellos.

Payaso

Payaso

Me ha llamado la atención este payaso que estaba situado en la esquina de la calle Asunción con Virgen de Luján. Cada vez que me iba acercando a este individuo se desmoronaba el mito de mi infancia, que fue el payaso Miliki, pues el rostro de este imitador no invitaba a la ternura ni a la risa, más bien todo lo contrario. Su instrumento musical no emitía ningún sonido, y su mirada era vacía.
No me gustan la gente que utilizan la tristeza para recibir compasión. Me gusta la risa para sentirme vivo. Admiro lo auténtico y desprecio lo vulgar.