Jueves Santo

Jueves Santo

La primera jornada del Jueves Santo ha consistido en estar toda la mañana esperando a la Duquesa de Alba en la Iglesia de los Gitanos, que por desavenencias con la hermandad no ha ido; y tomarme la cerveza tradicional en la calle pureza con mi amigo Alberto. Por la tarde sólo he presenciado y gozado de mi hermandad: Pasión.
Como día tradicional de la mantilla, he encontrado una verdadera friki del tema. No se puede ir tan mal ni con esa falta de pudor, un Jueves Santo. ¡Los carnavales terminaron en febrero! A todos los que le he enseñado la foto de la “colega” disfrazada de mantilla, han puesto primero cara de asombro para soltar a continuación una estruendosa carcajada. Menos mal que después, tanto en Triana como en el centro, he podido comprobar el buen gusto y el respeto a la tradición por parte de muchas mujeres vestidas de mantilla.

Por la tarde camino de mi casa para descansar un poco (la noche va a ser larga), me he encontrado por la Plaza Nueva a la hermandad de La Cigarrera, por lo que me he subido a la terraza del hotel Inglaterra para hacer una fotografía panorámica de la procesión. Como tenía que dar un rodeo para recoger la moto que la tenía en Puerta Jerez, cuando he pasado por García de Vinuesa he visto como cruzaba el Cristo de los Negritos. La luz que le llegaba de la Avenida resaltaba la talla de una forma espectacular.
Como hermano de Pasión he ido como todos los años a ver su salida, esta vez he sido uno de los pocos privilegiados que ha podido ver, oír y fotografiar como se formaba la hermandad dentro del templo. Me quedo con unas palabras que ha dicho el hermano mayor; “Vamos a realizar una estación de penitencia, por lo que os pido recogimiento y respeto, y quiero recordar que la estación de penitencia no termina hasta que lleguemos a nuestras casas”. ¡ Qué diferencia entre una hermandad de barrio y una sacramental de toda la vida!.

Este año como va tan retrasada en fecha la Semana Santa, hemos tenido la oportunidad de ver de día al Cristo de Pasión pasando por delante de la estatua de su autor; Martínez Montañés.

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Miércoles Santo

Miércoles Santo

No recuerdo salir tan temprano de mi casa para ver salir la primera cofradía del día. A las 11 de la mañana me dirigí a nervión. La Sed es una hermandad de barrio señorial al igual que su iglesia y el comienzo del recorrido. Me quedo con la conversación con José, que fue durante 16 años “aguaó” del Cristo de la Sed. ¡Casi “ná”! Ver desde dentro una salida procesional es un privilegio, pues continuamente estás observando detalles aunque algunos se te escapan, fotográficamente hablando y otros los capto al vuelo.

Con el gusto que me ha dado ver la salida de la Sed, me he ido al barrio más torero de Sevilla, San Bernardo. Lo curioso es que no he visto a ningún torero, a lo más que he llegado es saludar al hijo de un torero ya fallecido; Manolo Vázquez. La sensación de estar dentro de un templo abarrotado de nazarenos deseosos de salir a la calle es un privilegio que tengo gracias a mi profesión. La foto más entrañable se la he hecho a la cuadrilla de la escuadra de batidores de artillería, que me han posado en formación impecable.

Cuando he llegado a la Campana lo primero que he hecho ha sido tomar un cafe y una torrija; como no, en la confitería la campana. Al salir me ha llamado la atención como en las sillas donde estaba dando el sol, había una gran cantidad de paraguas de colores, lo primero que pensé fue: “Otra vez los chinos haciendo negocio, primero nos llenan de sillas plegables que son un obstáculo que produce caos y mal rollo, tanto para los que están sentados como para los que tenemos que ir de un sitio para otro: ¿por qué lo han vuelto a permitir si ya se había logrado eliminar esa insolidaria medida? ¡Menos mal que las sombrillas solo producen una bonita estampa!.

Desde pequeño me ha llamado la atención un paso y es el de La Lanzada, he tenido la suerte de verlo entrar en Campana y he recordado estampas que tengo en blanco y negro. La llegada del Baratillo me ha dado la oportunidad de fotografiar los ojos más bonitos que le he visto a un nazareno. Ya camino de mi casa, hoy me he recogido pronto, he encontrado una bonita imagen de las Siete Palabras pasando por la calle Alfonso XII.

Martes Santo

Martes Santo

La mayoría de las hermandades que el Martes Santo realizan su estación de penitencia se han llevado tres años esperando un día como el de ayer, donde la lluvia no rompiera ilusiones. Tengo un amigo que durante tres años lleva esperando para salir de costalero en la Candelaria. Hoy también llevaba rostro serio pero no como el del año pasado, esta vez la seriedad no se debía a la frustración sino a la responsabilidad de entrar en la carrera oficial llevando al Señor de la Salud.

La primera cofradía que he visto y no por premeditación sino más bien por deambulación ha sido la de los Estudiantes. Cuando pasaba por la Puerta Jerez me he encontrado que el paso de los lirios morados estaba saliendo por la puerta lateral de la universidad. He presenciado una “chicotá” muy larga, pues desde la puerta de la Universidad lo han llevado sin parar hasta bien entrado San Gregorio. Supongo que el esfuerzo se debió a que se querrían alejar lo antes posible de los feísimos cables que dan energía al tranvía. Cuando he visto tantos penitentes detrás del paso del Cristo he recordado una frase que mi madre me decía de pequeño con respecto a esta cofradía; “Todos los penitentes que llevan los estudiantes son los “cateaos”, por eso lleva tantos”. Como cuando se deambula, se llega siempre al lugar del comienzo, he terminado viendo al Cristo de la Buena Muerte entrando en la Fábrica de Tabacos.

Camino de la Candelaria he fotografiado una escena insólita; dos mujeres con velo viendo pasar la cofradía de los Estudiantes. Lo primero que he pensado ha sido; “¡viva la tolerancia!, lo segundo… me lo reservo. Con la premura del tiempo he cruzado por la Avenida comprobando asombrado como ya había algunas señoras sentadas en su silla una hora ante de que pasara la primera Cruz de Guía. A la altura del Sagrario, he escuchado música, por lo que tiré hacia la calle Alemanes donde me encontré a la Virgen del Cerro y paré un instante para fotografiarla delante de la puerta de la Catedral que más me gusta: La puerta del Perdón.

Después de haber disfrutado viendo salir tantos niños de la Iglesia de San Nicolás de Neri, me he ido a mi lugar de estancia más habitual de la Semana Santa: La Campana, pero antes me he detenido en las Setas de la Encarnación. Era tal la cantidad de gente que había, que pensé que haría una buena fotografía cuando pasara el primer paso de San Benito, las casualidades de la vida o la visión periodística del asunto han hecho que me encontrara a Marisa, una plumilla de aquí que vive en Madrid y que está disfrutando realizando un reportaje fotográfico de la Semana Santa.

Un compañero en la Campana me ha dicho; ¿No estás viendo más gente hoy? y es verdad. El Martes Santo se ha tirado Sevilla a la calle a ver lo que desde hace tres años no se veía; una estación de penitencia completa.

Lunes Santo

Lunes Santo

Desde que soy vecino del Tiro de Línea, no me he perdido nunca una salida de Santa Genoveva. La emoción de un barrio entregado con su hermandad se nota en la expresión de las caras de los vecinos; ¡hasta los músicos del Cautivo tenían los ojos vidriosos! De Santa Genoveva me iba a ir para la salida de San Gonzalo; mi otro barrio, pero hablando con un compañero me dijo que él cubriría la salida de Santa Marta, y entonces acordandándome de mi amigo Francisco, me fui allí, no sin antes pasarme por Campana para ver como despedían a la Virgen del Rosario Doloroso camino de la Catedral.

Nada que ver una cofradía de barrio con una del centro y eso que a las puertas de Santa Marta me he encontrado con personajes peculiares. Lo que más me llamó la atención fue ver como detrás de una reja, los costaleros parecía que habían salido de una película de romanos. Eran como gladiadores preparándose para salir a la lucha. En el frontal izquierdo de la puerta por donde salía la procesión, había colocada una valla y dentro de ella, varias señoras, una estaba haciendo punto de croché, para que la espera se le hiciera más llevadera. La salida procesional; maravillosa. El silencio casi sepulcral acompañado con los rayos de sol, las velas encendidas y la cantidad de incienso que los acólitos repartían, conjuntaban una estampa única.

En Campana, el recogimiento que se fue con Santa Marta y su rosa roja, contrastó con la alegría y el arte que lleva San Gonzalo. El murmullo que se produce cuando a lo lejos se escuchan sonidos de trompeta es de expectación ante la espera de un gran acontecimiento; como lo que verdaderamente es y será cuando comienza Triana la carrera oficial.

El Beso de Judas es otra de las cofradías donde no suelo fallar, siempre en la recogida, pues como escribí el sábado ,mi amigo Manel, que vive en la calle Santiago, tiene el gusto de invitarme a ver pasar la procesión desde su casa. No se si por la costumbre o por cualquier otra cosa, cada vez me gusta más el paso de la Redención y la Virgen del Rocío. Este año he “cangregeado” con mi amiga Blanca, para ver entrar a la Virgen en su templo. Fue impresionante la petalada que le han tirado a la Virgen y a todos los que allí, delante del paso, estábamos.

La última cofradía que vi fue la del Museo. Con la luna casi llena que había esa noche, pensé; tengo que fotografiar al Cristo del Museo con la luna. Hasta que no llegué a la calle Tetuán no lo conseguí, la mala suerte fue que la batería de la cámara de fotos dijo; hasta aquí hemos llegado, por lo que me fui resignado, cansado y contento a mi casa, no sin antes fotografiar con el móvil la escena más tierna de este bonito lunes santo; un nazareno muy cansando de cuclillas dando descanso a otro.

Domingo de Ramos

Domingo de Ramos

¡Extraordinario Domingo de Ramos! Había tantas ganas de Semana Santa que Sevilla se ha tirado a la calle. Como buen sevillano que soy y como profesional del periodismo también, me he echado a la calle para vivir y contar mis vivencias y sensaciones de este día tan señalado y esperado.

Comencé y terminé viendo la Paz. Desde hace mucho tiempo, al ser la primera hermandad que realiza su estación de penitencia y ante la amabilidad de sus hermanos por hacer que trabajemos lo más cómodos posible, he asistido a la salida de sus dos titulares muchas veces. Aunque no he visto nada nuevo, si he sentido cosas diferentes, quizás menos emoción en la salida. Esta vez he reconocido al gran saeteo Manuel Linares, aunque tengo que decir que por mucho que lo ha intentado, nada que ver con aquel rezo cantado de la madrugada pasada. Lo verdaderamente sublime ha sido ver a la Virgen de la Paz, dando un rodeo de noche por dentro de la Plaza de España. ¡Me he sentido viviendo un momento único!

Por motivos estrictamente profesionales, el mayor tiempo de esta jornada lo he pasado en la Campana y al salir de allí he podido comprobar al ver la llegaba de La Amargura, otra carrera oficial que se encuentra en la plaza del Duque, donde las sillas son oficiosas y el caos está dispuesto de una forma ordenada.

Sólo he tenido media hora para ver a Jesus de la Penas saliendo de Triana y cruzando el puente de mis sueños. De nuevo en Campana, el tiempo se ha parado en un solo de trompeta eterno y magistralmente acompasado por una cuadrilla de Triana.

Como a una persona que aprecio le gusta que ponga; aquí os dejo lo que he visto, va por ella esta galería fotográfica de un domingo de ramos extraordinario.

Un día antes del Domingo de Ramos

Un día antes del Domingo de Ramos

Ayer Viernes de Dolores había más ambiente de Semana Santa que hoy, o por lo menos esa ha sido mi percepción. La mayoría de las iglesias estaban cerradas, por lo que sólo he visitado dos, las que más me interesaban y cuyos nombres coinciden: Santiago el Mayor y Santiago de Neri.

El Beso de Judas es una hermandad a la que le tengo especial cariño. Desde hace 14 años tengo el privilegio de ser uno de los invitados en casa de Manel. Manel es un gran amigo que vive en una casa en la calle Santiago y allí entre cervezas, vinos, refrescos y deliciosos aperitivos, todos esperamos pacientemente a que Guillermo, apague las luces como señal de que tanto Jesús de la Redención como la Virgen del Rocio, se detendrán en el portal de su casa como deferencia a que entre sus balcones se encuentran los últimos hermanos mayores del Rocio de Triana. Ayer por la mañana Manel nos envió una foto muy mala (perdón pero es que el móvil que tiene es algo antiguo) de lo bonita que estaba la iglesia de Santiago con los cuatro pasos de las dos hermandades (San Roque y el Beso de Judas) que dentro del templo estaban expuestos.

A las seis de la tarde acompañado por los sones de una banda de música entré en la Iglesia de Santiago. El templo estaba lleno, pues iba a comenzar el pregón infantil. Como mi intención era solo ver los cuatro pasos y hacer una fotografía que superara a la que mandó Manel con el móvil, hice mi trabajo. Me deleité, otra vez desde lejos, de los cuatro pasos colocados geométricamente y me fui.

Camino a la Iglesia de Santiago de Neri, me acerqué a la de San Esteban que por desgracia estaba cerrada. Me llamaron la atención por la calle Aguila dos cosas. Cómo el sol resplandecía en los balcones engalanados que se encuentran en el portal principal de la casas de las águilas, en contraste con un balcón sin suelo que estaba justamente al lado. La Candelaria es otra de esas hermandades que por motivos diversos le tengo cariño, allí sale de costalero un gran amigo; Joaquín Arjona, que debido a la lluvia de las últimas Semanas Santas lleva tres años esperando meter riñones debajo de las trabajaderas de Nuestro Padre Jesús de la Salud. En esta iglesia escuché por primera vez una de las marchas procesionales que más me gusta; “Caridad del Guadalquivir” y allí viví el pasado martes santo, los momentos más tiernos y emotivos de una hermandad que por motivos climatológicos no pudo hacer estación de penitencia.

Camino de la iglesia de Santa Cruz, cerrada también, me ha llamado la atención un balcón que no estaba adornado con faldones burdeos y en donde permanecía una antigua palma que años atrás había sido colocada con esmero por alguien, que seguramente no estará este año con todos los sevillanos, o por lo menos eso es lo que he pensado y pensaré mientras vea mañana la salida de la Paz y recuerde a aquellos que no estarán este año con nosotros.

Viernes de Dolores

Viernes de Dolores

El Viernes de Dolores se convirtió en un esplendido día para calentar motores de cara a la esperanzadora Semana Santa que comenzará mañana. Después de haber estado por la mañana recogiendo la papeleta de sitio de la prensa, recorrí la exposición de fotografías que la fundación Cajasol (desinteresamente para los fotógrafos, se nota su espíritu catalán) a colocado alrededor de los palcos de la plaza de San Francisco. Algunas fotografías merece la pena verlas, pero es raro ver una exposición de la Semana Santa donde no aparezca ni un paso, ni una imagen tallada ni siquiera una Dolorosa.
Por la tarde , salí a la calle con tres claros objetivos, ir al Salvador para ver al Señor de Pasión, asistir en la Iglesia de la Magdalena al traspaso del Santísimo Cristo del Descendimiento a su paso procesional y por último tomar unas tapas en el Corralón (un bar moderno con conceptos de toda la vida que regenta mi amigo Luis Doblado y que se encuentra muy cerquita del lugar donde desde chico quise vivir; El Altozano) y ver pasar por allí sobre las once de la noche al Cristo Trianero de Pasión y Muerte.
Como dice el refrán, “del dicho al hecho hay poco trecho” y los objetivos los cumplí a medias, pues fui a todos los lugares señalados pero no hice lo que en un principio tenía planeado hacer. Cuando llegué a mi primer destino, la iglesia del Salvador, había comenzado la misa previa al traslado de la Virgen de la Merced a su paso, por lo que no me pude acercar al altar y ver de cerca al Cristo que me produce más “Pasión”. A pesar de ese pequeño inconveniente pude fotografiar una imagen que nunca había visto. La Virgen de la Merced ocupando el primer lugar y detrás la imagen de un hijo preocupado por el sufrimiento que su madre tendría horas después por la pérdida inmesirecordie del fruto de su vientre; por lo menos eso es lo que pensó mi mente barroca al hacer la fotografía.
El segundo destino lo cumplí a medias, llegué a las ocho, o sea una hora antes. A la primera persona que me encontré fue a mi nuevo amigo Pablo, que fue el que me invitó a ir a ver lo que hacía ya tres años había visto, y cuyos recuerdos tengo resumidos en una palabra, recogimiento. Tanto tiempo de espera y tantas cosas por hacer y ver, me fui no sin antes contemplar el singular besapié del Cristo del Descendimiento. Como estaba cerca de la plaza del museo, me pase por la Capilla, con la esperanza de que estuviera abierta y así fue. No pude admirar de cerca la imagen de la Virgen de las Aguas que tantos buenos recuerdos me trae cada Lunes Santo cuando pasa, al son de “Amargura”, por el andén del Ayuntamiento. El Cristo retorcido ante la inminente muerte, también lo tuve que ver a una cierta distancia, pues había un acto de juramento de los nuevos hermanos.
Camino de Triana y dando un gran rodeo, visité dos iglesias más, la Real Capilla del Santo Sepulcro y la de San Antonio Abad, para ver al Cristo yacente que todavía no ocupaba su urna de paseo. Cuando entré en la segunda iglesia me di cuenta que nunca había estado allí; algo imperdonable. El Cristo del Silencio, estaba en el altar y su sola presencia inundaba de silencio el templo, que por cierto estaba con el aforo completo. Camino a mi destino, pensé: ¡Estos días los templos deberían estar abiertos las veinticuatro horas del día!
En el Salvador, vi el primer nazareno y la primera cofradía; la del Cristo de la Corona,. Recordé, como el año pasado lo vi salir de la Catedral y también lo fotografié pasando por delante del “Bacalao” que habían colocado un día antes al final de la “cuesta del bacalao”. Durante unos minutos me paré a ver como pasaba por el Salvador la imagen de un Cristo que lleva la Cruz de un modo muy peculiar.
¡Triana, es Triana y con las cosas de Triana hay que morir!. Un Viernes de Dolores procesiona una bellísima talla de un Cristo muerto en la cruz, donde el silencio y la oscuridad es lo más destacado. Cuando vi en al Altozano la Cruz de Guía que llegaba de la calle pureza para adentrarse en san jacinto, la primera impresión que me dio, es que estaba contemplando una semana santa de hacía muchos años, pues era como esas fotografías en blanco y negro donde había poco público y mucho espacio.
Con un frío considerable llegué a mi casa, edité la foto, pero no la subí a blog, decidí que al día siguiente con perspectiva descansada y reflexiva lo haría, como así lo hago. Antes de dormirme eché un vistazo al Facebook, y una entrada de mi nuevo amigo y compañero Juan María Del Pino, me recordó como el año pasado un saetero, Manuel Cuevas, nos enseñó como se reza cantando a la Virgen Macarena.