“Casa Bigote”

Beber un mal vino en buena compañía es mejor que beber un buen vino en mala compañía. Con la comida pasa algo igual, lo que ocurre que siempre hay excepciones como por ejemplo ir a comer a “Casa Bigote” y nunca mejor dicho “Casa”, pues los dueños te hacen sentirte como en casa.

Sanlúcar de Barrameda, siempre ha sido un pueblo señorial a pesar de la mayoría de sus habitantes. Su gastronomía se ha distinguido por múltiples platos marineros y por el crustáceo alargado y delicioso que es el langostino. La manzanilla, vino que solo se puede producir en Sanlúcar y no por normas hechas por el hombre sino por la naturaleza, es otro rasgo característico de la localidad.

Si me dieran a elegir entre varios sitios donde ir a comer, sin dudarlo, rechazaría todos para ir a “Casa Bigote” y no porque me encante su decoración, que más bien es fea, sino por el conjunto de los factores, que al contrario que en las matemáticas, altera el producto. Si tienes la suerte de que te pongan, a base de insistir o reservar a nombre de D. Tomás Pascual, al lado de la ventana mirando la desembocadura del Guadalquivir con el Coto de Doñana enfrente, ese día, tocas literalmente el nirvana.

No puedo recomendar ningún plato, pues todos están buenos, incluso hasta los que habitualmente no me gustan, en este lugar, me vuelven loco. Dejarse aconsejar por el camarero, no es un acto de fe, como ocurre en otros restaurantes, sino más bien un acierto. Si te dicen que te recomienda el atún con salsa mozárabe; no dudes, pídelo. Los guisos marineros saben a mar y los pecados a “pescao”. Los langostinos, aunque en apariencia, son iguales que en otros sitios; saben distinto y la manzanilla: ¡Oh, la manzanilla!. Como me dijo una vez el dueño de una bodega; «Una manzanilla viendo el Coto y los barcos sabe diferente», y le faltó decir; «y si es en “Bigote”, con buena compañía; ni te cuento ».

¿Y el precio?, quizás se esté preguntando alguien. Pues también es una sorpresa. Es uno de los pocos restaurantes en los que la calidad está perfectamente conjuntada con el precio, si pides marisco pagaras en consonancia con el producto, pero si lo que comes son platos cuya materia prima es asequible a una economía media, pagarás razonablemente la calidad del producto.

Escribo esto después de haber disfrutado con mis suegros de una comida maravillosa en Bajo de Guía, si creéis que he exagerado algo, probadlo y me contáis, pues mis suegros estarán encantados de que los invitéis.

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Desayunando

Desayunando

El otro día leí que cuando nos vamos de vacaciones no deberíamos difundirlo en las redes sociales. Esta semana estoy en Costa Ballena, pero lo siento por los ladrones que tengan previsto robarnos en nuestra casa de Sevilla, pues está habitada por una persona a la que le gustan muy poco las sorpresas.

Durante tres días estoy mostrando cosas que estoy viendo, como los atardeceres y “El Titanic”. Hoy quiero contar lo que veo durante el desayuno.

El jardín de nuestro hogar temporal se encuentra situado al lado del campo de golf, por lo tanto, mientras desayunamos y leemos el periódico,(¡qué buen invento el Ipad!) observamos, de vez en cuando, a los jugadores, que se dirigen a uno de los hoyos que se encuentra al lado de nuestra casa.

Hay de todo, como en la viña del Señor. Están los que visten de manera muy profesional pero no dan un palo al agua. Los jugadores solitarios que tirando de su carro y sus pensamientos van detrás de la bola. Las parejas, como de nuevos ricos, con unos conjuntos incapaces, hablando muy fuerte y destrozando con las bolas las palmeras que hay en los laterales del campo. Las mujeres que con el pecho fuera y el culo apretado van andando deprisa llevando en la mano un solo palo y el marido, pareja o amante detrás, cargado como una mula. Los que no les gusta andar y van con el coche eléctrico hasta la mismísima bola. Y por supuesto, los que les gusta jugar al golf y van relajados, sonrientes y disfrutando del maravilloso campo (o por lo menos eso es lo que dicen, yo no he jugado en mi vida al golf) que se encuentra en Costa Ballena.

El Titanic de Costa Ballena

El Titanic de Costa Ballena

“La imaginación al poder”, fue la frase más famosa del mayo francés del 68. Hoy en día cuando pronunciamos esta frase ni siquiera pensamos en el eslogan que los estudiantes franceses crearon para rebelarse contra el poder establecido y así intentar cambiar el mundo.

Cuando he visto esta mañana por la arena de la playa “El Titanic” es la expresión que se me ha venido a la mente. Tres personas; dos hombres, uno delante con una especie de vuvucela recortada y una mujer, tiran del carro orgullosos de su país y de su región, para ofrecer por un módico precio chucherías y refrescos para los niños, y cervezas frías para los padres. El negocio, por lo menos hoy, ha sido todo un éxito, pues cada parada que hacían, aproximadamente cada 50 metros, se le agrupaban bañistas ansiosos por comprar sus productos.

Estoy seguro que a los “Gurú” del “saberlo todo” y “perdona vidas” si les dices que tienes un negocio en mente en el que participarían tres personas que consiste en hacer una especie de barca con ruedas y colocar en ella bolsas repletas de chucherías y cajas de corcho blanco para conservar las bebidas frías y venderlas entre un euro y un euro y medio, pondrían cara confusa y dirían: « No lo veo». Pero si además le cuentas que a la barca le vas a poner el nombre, “El Titanic” y que todo el día recorrerás un playa familiar, llevando la bandera de España en primer lugar seguida de la bandera de Andalucía , te dirían con una seguridad aplastante: «Tu negocio tiene menos futuro que “El Titanic”.

Creo más en la imaginación que en las estadísticas, prefiero a estos trabajadores incansables de la playa que lo único que pretenden es ganarse un dinero honradamente durante los pocos meses que dura el verano que a engominados prepotentes que sólo piensan; primero en ellos, en segundo lugar en nadie y en tercer lugar en algunos afines a su causa. Prefiero a estos incansables de la playa que a los salvadores de los trabajadores que lo primero y único que buscan es lucrarse bajo el paraguas de la prepotencia poco imaginativa. Prefiero a los que luchan que a los que se esconden tras su inteligencia. Prefiero lo sencillo a lo complicado.

En fin, hoy he pasado un buen día de playa imaginando como “El Tinanic”, no se hunde.

Carri bici

Carri bici

Esta mañana en ABC, de Sevilla, he leído un artículo de Antonio Burgos titulado: «Ya somos Copenhague». Por lo visto, Sevilla, está muy bien situada en la clasificación de ciudades amigas de la bicicleta. La primera es Copenhague, y de ello doy fe, y nuestra ciudad es la cuarta.

Una exclamación del artículo me ha llamado la atención… «¡Quién fuera carril bici!». Esta claro que tenemos un carril bici excelente y bien construido, otra cosa es el coste, el trazado y la manipulación política. Estoy de acuerdo que hay barrios que más quisieran que se les tratara con el presupuesto que para este año el Ayuntamiento ha destinado para el mantenimiento de los carriles bici.

Ocurre que cuando bajas a la arena de la realidad, te encuentras que aquí, en Sevilla, somos diferentes. En Copenhague, el carril bici en su mayoría del trazado, consiste en unas líneas pintadas a un lado de la carretera. Aquí por ser mejor que nadie, hicieron una carretera verde en todos los barrios, utilizada por pocos ciclistas. Pienso que con una simple raya en la acera hubiera sido suficiente para que los que más lo utilizan, personas con falta de movilidad y muchos perros paseen tranquilamente por allí, ya que en algunas zonas el carril nos ha dejado sin espacio para pasear.

Contemplar lo antiguo y lo moderno

Contemplar los antiguo y lo moderno

Ayer no pude escribir ningún post porque cuando lo iba a hacer me fui con mi “hermano”, Chelu y mis “hermanastros”, Juan Antonio y Cayetano Romero a ver la colección de camisas de la marca Crabe que presentaban en el “Chino de Telmo”. Después nos tomamos una cerveza en la Traviesa contemplando la vista que os muestro. Vamos que ni la Reina de los Mares me movía de allí. Bueno, sin exagerar, la Reina de los Mares; Sí.