San Fermín

Parque de la Vuelta del Castillo

San Fermín

El 7 de julio es un día que siempre tengo marcado en el recuerdo de mi calendario por varias razones. Hacía dos días que nació mi hijo Dany, 22 días que nació mi hijo Luis y faltaba 218 días para que naciera mi hijo Pablo. El 7 de julio también es el cumpleaños de mi amigo Javi, que por cierto se encuentra estupendamente, por eso da pocas señales de vida, cosa por la cual me alegro. Por último, este día es el comienzo de una de las fiestas que mejores recuerdos me traen; San Fermín. Cuando comento que en las fiestas del norte es donde realmente se saben divertir, algunos me miran extrañados y sobre todo cuando lo digo con mi acento andaluz, con matiz trianero, feriante y rociero.

Tuve la suerte de tener unos excelentes anfitriones que me involucraron en su fiesta sin permitirme siquiera dejar que me sintiera incomodo por encontrarme a unos amigos de Sevilla y seguir con ellos. Por desgracia, la imagen que tienen algunos de la fiestas pamplonicas, no tienen nada que ver con la realidad, aunque algunas cosas son ciertas. Los toros y la gente corren por la mañana en las calles, y siempre hay heridos y de vez en cuando algún muerto. Las bebidas alcohólicas parece que salen de las fuentes y no solo por su abundancia sino más bien por la agradable sensación que producen y que hace que algunos duerman a pierna suelta en los maravillosos y cuidados céspedes del Parque de la Vuelta del Castillo.

La fiesta de San Fermín, es levantarte por la mañana y ponerte emocionado un pañuelo rojo en el cuello y un fajín del mismo color en la cintura, que nada más llegar, tu anfitrión, te ha regalado con una sonrisa limpia, emocionada y sincera. San Fermín, es andar por sus calles y ver a familias enteras, sintiendo y demostrando orgullosamente sus raíces en los alrededores del dinámico monumento al encierro. San Fermín, es comer abundantemente en sus restaurantes y peñas y ser acogido por todos como uno más, participando de sus cantes,que no conoces, pero que sientes como si los hubieras escuchado todos la vida. San Fermín, es ir a los toros y encontrarte a tu alrededor a un grupo de anónimos que te invitan a comer y a beber y donde la corrida es una excusa para que los del sol canten y la sombra miren y se rían de las barbaridades que hacen todos para divertirse. San Fermín, es tomarte un “Champú” en el hotel Yoldi y encontrarte a las personas que menos te puedes imaginar. San Fermín, es pasear tranquilamente al anochecer por las calles por donde correrán los toros y los mozos al día siguiente, quedándote un rato a contemplar, al comienzo del recorrido, como los morlacos y los bueyes muy tranquilos todos, esperan a ser los protagonistas de la mañana. San Fermín, es cenar en un restaurante o en una peña y seguir cantando y comiendo. San Fermín, es terminar bailando en la barra de un bar las canciones más “chinpuneras”.

En definitiva, San Fermín, es una fiesta donde todo el mundo es bienvenido y donde la alegría y la amabilidad de la mayoría de sus habitantes te sorprende pues te impregna su espíritu y los recuerdos te marcan para siempre.

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