Ultimo día, Copenhague

Fin de trayecto y fin de aventura cruceística. Tal como escribí en el primer Post, Copenhague, me llamó la atención aunque solo vi la ciudad en autobús durante el trayecto que iba del aeropuerto al puerto. Hoy, en la primera excursión decente de este crucero, en dos horas y media me he hecho una idea de la ciudad y como consecuencia de ello la he puesto en mi lista de futuras ciudades por conocer mejor.
!Espero que el Betis triunfe en Europa y nos haga viajar!

La sirenita ha sido la primera parada, la hemos distinguido, no por su tamaño, pues es pequeña, sino por la cantidad de gente que había a su alrededor y entre ellos los sempiternos, numerosos e impacientes japoneses, cuyo mayor deseo no es contemplarla, sino fotografiarla.

Desde que el barco se despedía de Copenhague y regresó, lo que más me llamó la atención era una cúpula parecida a la del Vaticano. Bajo mi humilde opinión, no tiene nada que envidiarle a la original y además el entorno donde está ubicada, después de los palacios reales, la hace parecer más regia.

La pena, ha sido que no hemos podido pasear por el puerto nuevo, que es antiguo. Una rápida pasada con el autobús nos ha puesto el caramelo en la boca para que un día volvamos y deambulemos tranquilamente por el, nos tomemos una cerveza en sus múltiples terrazas y contemplemos las bonitas casas de colores que hay a cada lado de su pequeño canal.

Ahora ya en el avión de regreso a España, intento recordar todo lo vivido, reído, comido (mucho) y conocido. Aunque he jurado en arameo no volver a embarcarme en un crucero, pues me gusta ser libre a la hora de viajar, hay cosas por las que ha merecido la pena venir. En primer lugar San Petersburgo, Copenhague y Estocolmo. En segundo lugar las pocas personas que hemos conocido y con las que hemos compartido la guasa, la risa y las copas. Las más destacada, con diferencia; Verónica y Elena, dos jóvenes valencianas libres como nosotros. Fluyó la química nada más vernos en lo alto de una torre de la ciudad de Kiel. También hemos disfrutado con nuestros compañeros de cena, (aunque faltáramos a unas cuantas) Leticia y Alberto que a pesar de no tener nada en común con nosotros, nos han hecho pasar momentos agradables y simpáticos, pues aguantaron nuestras bromas con espíritu deportivo. Por último, un venezolano, cuyo nombre no conozco y que me cayó mal al principio pero que por la noche con su bailes y ritmo nos ganó a los diez que nos quedábamos hasta las tantas en la discoteca del barco. Y por supuesto a mi fiel compañero de viaje que tanto bien hace por mi; el ibuprofeno

Sólo me queda agradecerles a la familia y compañeros de trabajo de Berta la oportunidad que nos han dado de poder olvidarnos por una semana de todo el estrés y rutina diaria que durante este año hemos padecido; en particular Berta . Aunque nos hemos acordado continuamente de las personas que queremos, este viaje nos ha dado la oportunidad de aislarnos y coger la energía que tanta falta nos hacía, aunque por desgracia tanta energía nos ha engordado tres o cuatro kilos.

P.D. Si alguien va a realizar un crucero con MSC Música, “cuidadín” con varias cosas, primero las excursiones; mal organizadas y peor comunicadas, segundo la diversión; casi todo está pensado para los alemanes de la tercera edad, y por último el despotismo con que te trata el personal de abordo ante cualquier eventualidad, eso sí con una sonrisa de “te qui yá”.

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