San Petersburgo. 2

Estoy en la terraza del bar escuchando una conversación de unos venezolanos expertos en cruceros; imposible describir las elucubraciones tontas que están desarrollando. Ante un grupo de recién casados españoles se intentan erigir en protagonistas dando lecciones cruceristas. Cuando uno de ellos ha opinado de San Petersburgo, me han entrado ganas de levantarme y tirarle la cerveza que me estaba bebiendo a la cara; “San Petersburgo es una mierda”, ha dicho sin inmutarse.

San Petersburgo, es una ciudad que hay que conocer, a pesar de su caótico tráfico, de su decadente tranvía y de los edificios de la periferia.

Hoy, nos hemos levantado temprano para cambiar el itinerario que habíamos contratado, pues coincidía en la mayor parte con el de ayer. A base de insistir y de poner cara de mala leche, hemos conseguido el objetivo. Cuando la empleada me ha preguntado de donde era le he dicho: “De Sevilla, y allí somos muy simpáticos hasta que nos tocan los huevos”, y con una sonrisa cortada me dio los tickets de la nueva excursión.

El palacio de verano de Petrodvorets que se encuentra a sesenta kilómetros del centro de la cuidad es lo primero que hemos visto hoy. Una guía que hablaba muy mal español pero muy simpática nos ha intentado contar la historia por el camino. Los jardines muy bonitos y cuidados, las fuentes con esculturas doradas; maravillosas y el palacio recién restaurado; divino: ¡todo muy versallesco!. De allí nos han llevado a comer. Detrás de una puerta pequeña hemos entrado a un gran edificio, donde después de pasar por unos patios hemos llegado a un salón renacentista que imitaba a un antiguo palacio. Lo primero que nos han servido ha sido vodka, después ensalada con tres lechugas, un tomate, una aceituna negra y mortadela, sin tiempo a digerir, nos han puesto una sopa indescriptible y por ultimo un poco de arroz blanco con la mitad de la cría de un pollo. Cuando hemos terminado y antes del postre, un grupo de músicos vestidos con el traje regional de la tierra, nos han obsequiado con un “flamenquito”, en ruso. El cantante principal se parecía a Jaime Urrutia, y con menos gracia que la comida. En resumen; surrealista pero divertido.

Saliendo como borregos, la siguiente actividad era hacer una visita panorámica por la ciudad. ¿Sabéis al primer sitio que nos han llevado?. ¡A una tienda de regalos!, pero lo más fuerte ha sido que la gente estaba encantada. Sin decir nada, para no explotar, me he ido por mi cuenta y riesgo a andar por los alrededores. El puente de la Bendición estaba relativamente cerca, así que decidí ir hacia allí y atravesar por primera y espero que no se la última, el río Neva andando.

El Hermitage ha sido nuestro último destino. Me faltan calificativos para describir el antiguo palacio de invierno convertido en una de las mejores pinacotecas del mundo. Ver su fachada, (por supuesto verde y blanca), y los interminables grupos de japoneses, te hace respirar el arte que allí se encuentra. El recorrido ha sido el gran premio de motociclismo de Jerez, pues ha durado una hora y media y hemos visto lo más destacado del museo.

De vuelta al barco y despidiéndome de la ciudad soñada, nos disponemos a cenar y ver el partido de España contra Italia en un barco de italianos.

P.D. Anoche no pude colgar el post, no estaba en condiciones, terminamos muy tarde celebrando la victoria española con los venezolanos a los que no les gustaba San Petersburgo y que por cierto era gente muy simpática, o por lo menos esa fue mi sensación.

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