¡Viva los novios!

¡Viva los novios!

“Qué no somos iguales dice la gente”, así comenzaba la letra de una rumba que cantaba maravillosamente bien María Jiménez. Esa es la canción que he estado repitiendo observando el espectáculo de raza calé que he visto hoy en la Plaza de España.

Lo primero que me ha llamado la atención, ha sido como una multitud de personas hacía corro observando un espectáculo. Al ir acercándome he comprobado que efectivamente era un espectáculo, pero no de los que estamos acostumbrados a ver en la calle, donde varios artistas montan un número más o menos divertido y después piden la voluntad. Aquí había baile, trajes llamativos y dos parejas de novios, encantados de que los fotografíen; en primer lugar los profesionales y  después la gran cantidad de turistas que se encontraban por allí.

Mientras al lado del puente estaban los invitados de la boda, aproximadamente unos veinte, cantando, bailando y tocando las palmas, en un lateral estaban los novios. La fotógrafo, (parecía un sargento de artillería), estaba componiendo una imagen sorprendente, que es la que muestro hoy. En vez de protestar los novios ante la insólita petición, las dos parejas estaban encantadas de ser el motivo de atención, (por cierto ellas eran hermanas pues así se dirigía la fotógrafa a ellas). Muy serios ellos y con una sonrisa forzada ellas, atendían sin rechistar las órdenes que provenían de la boca de la artista. Después de estar aproximadamente diez minutos como unas estatuas, la siguiente orden fue dirigirse en formación de a dos hacia los bancos donde están representadas las provincias españolas, pues la idea era, según pude escuchar, fotografiar a los novios ante el marco incomparable que es la Plaza de España. ¡Ole y ole!.

La composición que propuso y realizó ante los bancos, la pintora de la luz, es tan difícil de explicar que os lo dejo a vuestra libre y respetuosa imaginación. De lo que estoy seguro, es que el álbum  fotográfico que recibirán los recién casados será; “presiiioso, presiiioso, presiiioso”.

Claro que me he reído y no solo yo, sino la mayoría de los que hemos estado allí, pues si en vez de la realidad hubiera sido una grabación de Los Morancos, el resultado hubiera sido el mismo. Tengo que aclarar que mi risa siempre ha sido acompañada de un gran respeto; me explico. Qué no somos iguales, no lo tiene que decir la gente, pues es una verdad clara y evidente. Seguramente si los novios e invitados de esta boda observaran una boda de payos, también se reirían y seguramente dirían: ¡Qué “esaborío” que son!.

Para gustos los colores y en lo no habitual la risa, por eso no me cabe nada más que decir que: ¡Viva
los novios!.

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4 Comments

  1. Espectacular el momento! Desde luego que los trajes son costeados, habrá que ver como han terminado esas colas de volantes al final de la celebración!

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